Un ruego constante
Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia. Salmos 119:36
Amado hermano, ¿cuántas veces le has pedido a Dios que incline tu corazón a su Palabra? Esa sería una hermosa oración de la cual estoy seguro que Dios no tardaría en responder, porque sin duda alguna, esa es una petición conforme a la voluntad de Dios. Si algo Dios desea, si hay alguna cosa que Dios anhela con toda intensidad es precisamente eso, que su pueblo aprenda a ver su gloria revelada en su Palabra. En 2da. Cor 4:6 Pablo hace una declaración maravillosa: Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandiese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. ¡Waooo!, así como en Gen 1:3, dijo Dios: Sea la luz, y fue la luz, de la misma manera Dios dijo: Sea la luz en nuestros corazones que estaban llenos de tinieblas, y de repente se hizo la luz espiritual, para que seamos iluminados y veamos la gloria de Dios en la faz de Cristo Jesús.
Por eso una oración que no debe faltar ante el trono de la gracia es, como nos dice la perla de hoy, Señor, inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia. ¿Y por qué debemos orar así? Por cuatro razones básicas: Primera razón, porque nuestros corazones tienden a ser muy inestables y a desviarse del camino de la santidad con mucha facilidad. Es increíble cómo somos engañados y seducidos tan fácilmente por los atractivos del mundo que llegamos a parecer niños embelesados por juguetes. La avaricia carnal puede llegar a tomar el control de nuestros deseos, y si no estamos bien apercibidos, como Sansón venimos a despertar sobre las rodillas de alguna carnada del Enemigo; sólo la Palabra puede advertirnos de tales peligros.
La segunda razón por la que debemos recurrir a su auxilio divino en oración, es porque sólo Dios puede dirigir nuestros corazones hacia Él; si Él no lo hace, nadie más podrá hacerlo, sólo Él puede detener esa tendencia pecaminosa hacia el mal. Dios conoce la inclinación natural de nuestros corazones, y Él sabe que si nosotros dejamos el corazón sin atender, en poco tiempo la hierba mala crecerá, ahogando así todo anhelo por la gloria de Dios. Es por eso que debemos pedirle a Él, inclina tú, oh Dios, mi corazón a tu Palabra, porque ese deseo no brotará naturalmente de nosotros mismos, porque el deseo de nuestra carne se opone al del Espíritu, para que no hagamos lo que es bueno y saludable ante Dios (Gal 5:17). La tercera razón es que nada debe ocupar nuestro tiempo de lectura bíblica, porque esa es la única forma de conocer cada vez más y mejor la persona de Dios. Y en este tiempo hay tantas cosas que compiten afanosamente para reducir al mínimo nuestro tiempo devocional (el Facebook, el WhatsApp, las redes sociales, la televisión, la Internet, etc ) que si nos descuidamos, nunca nos sobrará ni un minuto para dedicárselo al estudio de su sagrada Palabra.
Y la cuarta razón por la que debemos pedirle a Dios que incline nuestros corazones a sus testimonios es porque sólo a través de un compromiso dedicado al estudio profundo de las Escrituras podremos crecer en santidad personal. Sólo por medio de la Palabra inspirada podemos a llegar a ser sabios según Dios, para discernir correctamente el bien y el mal; únicamente por medio de las Escrituras, como creyentes, podemos crecer en la fe; recordemos que la fe viene por el oír la Palabra de Dios (Rom 10:17). Sólo abrazando sus fieles promesas podemos estar protegidos contra las asechanzas del pecado, del mundo y del mismo Satanás. La verdad de su Palabra nos hará libres, nos librará de prejuicios, nos impartirá vida, y nos permitirá correr con ligereza la carrera que tenemos por delante, con los ojos puestos en Jesús, el autor y el consumador de la fe (Heb. 12:2). Amén
— © Reynaldo Perez
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Cristianismo Conforme a las Escrituras












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