“Un grabado que solo Dios puede deshacer”
El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares.
Jeremias 17:1
Mis amados hermanos, yo no sé si alguno de ustedes se ha hecho alguna vez la siguiente pregunta: ¿qué tan profundo se encuentra arraigado el pecado en el corazón del hombre? En la perla de hoy, el Señor nos describe gráficamente la forma radical y extensiva en la que el pecado se ha grabado en lo más recóndito de nuestro ser; como una serpiente que se anida, se enrosca e inyecta su veneno, así el pecado ha inoculado su veneno en el torrente sanguíneo de la humanidad, de manera tal, que cada célula del cuerpo social de este mundo ha sido irreversiblemente infectado, y lo que es aún peor,
careciendo en sí mismo del antídoto necesario para combatir dicha infección generalizada.
El profeta Jeremías nos describe en forma magistral el pecado, tal y como éste luce a la vista de Dios. En la mente de muchos, el pecado es algo ligero e insignificante, algo a lo que no debemos darle mucha importancia y sobre lo cual no debemos detenernos a hablar por mucho tiempo, y menos con la seriedad con que se merece. Si pudiéramos ver nuestros pecados bajo la misma perspectiva de Dios, de seguro que nuestra actitud hacia el mismo cambiaría radicalmente; para Dios el pecado es un asunto serio, tan serio que para que nosotros podamos recibir el perdón el los mismo, Dios mismo tuvo que hacerse hombre en la persona de su Hijo Amado, y sufrir la cruenta cruz, para que por medio de su sangre vertida en el Calvario, su ira contra el pecado pudiera ser aplacada, y nosotros pudiéramos ser librados de las consecuencias eternas de habernos revelado contra el Dios tres veces santo.
Noten cómo el texto bíblico de hoy nos revela qué tan profunda y radicalmente el pecado se ha dañado nuestra naturaleza humana: “El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares” (Jer 17:1). De la misma forma que un escultor toma sus instrumentos para dar forma a la roca milenaria y grabar una inscripción sobre la piedra dura, así el pecado está esculpido en nuestros corazones con cincel de hierro y punta de diamante. Recordemos que el mineral de más alta dureza sobre la tierra, según la escala de Mohs, es el diamante, que sólo puede ser rayado por otro diamante; nada lo puede rayar a él, y él puede rayarlo todo, incluyendo al hierro y otros materiales de alta dureza. Así pecado se haya cincelado con punta de diamante: es imborrable.
El pecado está esculpido y grabado en la tabla de nuestros corazones con grandes letras de fuego, para que se lea la maldición de la ley que nos hace estar bajo el juicio de Dios. El corazón del hombre pecador es como santuario sagrado para él, guardado celosamente; sin embargo, Dios ha escrito el juicio contra el pecado en los mismos cuernos de sus altares. Amado amigo, nosotros somos incapaces de luchar y liberarnos del pecado que tan profundamente nos ha marcado. El hombre está ciego, loco, imposibilitado, impotente y muerto en sus delitos y pecados (Ef 2:1). Lo único que puede romper las ataduras de ese pecado en las que estás envuelto, es la muerte salvadora y sustitutiva de Cristo en la cruz del Calvario. Por eso dice 1ra. Juan 1:7, “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado”; y luego añade en el vers. 9, “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. Entrega tu vida hoy a Cristo, para que en este día todos tus pecados sean borrados.
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