El mundo es malo, los tiempos están llegando a su fin, y la gloria de Dios se ha marchado de la iglesia como una vez se levantara la nube de fuego de la puerta del Templo a la vista del profeta Ezequiel. El Dios de Abraham ha retirado de nosotros su Presencia consciente, y otro dios al que nuestros padres no conocían se está acomodando en medio de nosotros. Este dios lo hemos hecho nosotros mismos, y porque lo hemos hecho, lo podemos comprender; porque lo hemos creado, nunca podrá sorprendernos, nunca abrumarnos, nunca dejarnos perplejos, nunca trascendernos.
Leyendo esta frase de este siervo de Dios quedé conmovido y obligado a reanalizar la concepción de Dios que la iglesia de manera general posee hoy. Cierto es que esta generación en parte ha declinado el interés por la persona de Dios, por reconocer quién es Él y lo que significa eso para lo que somos. Lo que adoramos hoy muchas veces es un dios que hemos creado a nuestra imagen, no lejos de lo que otrora hiciesen los griegos o los romanos, un dios que responde a nuestras necesidades particulares y se somete a nuestra voluntad, lejos de confrontarnos y santificarnos. Hemos pasado de adorar a Dios y obedecer su Palabra a pasar tiempo postrándonos ante nosotros mismos y aplicar de la Palabra solo lo conveniente, torciéndola y manipulándola.
Juan escribió una segunda carta en donde luchaba con el gnosticismo (corriente que básicamente promovían que Jesús no pudo ser Dios, porque Dios en su perfección no podía rebajarse a la condición de hombre y materia)
Él escribió: 7 Pues muchos engañadores han salido al mundo que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Ese es el engañador y el anticristo. 8 Tened cuidado para que no perdáis lo que hemos logrado, sino que recibáis abundante recompensa.
Creo que su interés en develar quién era en verdad Dios y cómo se presentó en la persona de su Hijo le llevó a llamar anticristos y engañadores a todos aquellos que presentaban un dios distinto que solo respondía a sus propios intereses ¿Estamos haciendo lo mismo? ¿Estamos viviendo, como escribiese Darrow Miller, un gnosticismo evangélico?
La respuesta es preguntarnos qué tanto conocemos del Dios trino. Pensar si no asistimos y pertenecemos a una congregación que lleva sobre sus hombros la responsabilidad de extender el Reino de Dios y solo extiende su reino de hombres. Pensar si adoramos al Dios Insondable, Infinito, Eterno, Inmutable y Santo, o solo estamos adorando algo de nuestra propia creación muchas veces por no conocer al verdadero. Solo si conoces al Dios Verdadero serás un verdadero creyente.
Como se puede leer en un pasaje del A.T «…mi pueblo perece por falta de conocimiento». Mientras menos nos adentremos en el conocer a Dios Padre, su Hijo Cristo y al Espíritu Santo más cerca estaremos de vivir una vida pobre espiritualmente, un dualismo que nos llevará a adorar quién sabe qué dentro del templo y vivir de manera inconsistente fuera de este. No podemos parecer engañadores y anticristos… PORQUE NO LO SOMOS… Acerquémonos a Jesús, conforme a la Verdad en Colosenses Él es la imagen visible del Dios invisible; estudiemos más de su persona; profundicemos nuestra relación con Él. Hagamos que la fe y la transformación que nos ha brindado en su eterno plan de Gracia pueda notarse en levantar nuestra vida como un estandarte que presenta la imagen del Dios Verdadero, así seremos leídos por otros como Verdaderos Creyentes. ¡Dios bendiga a su pueblo!
MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA












Deja una respuesta