“Recuerda y aplica la palabra de Dios”
A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido.
Salmos 16:8
Sabemos que Dios es nuestro consejero confiable, que nos provee orientación para cada día de nuestra vida. Pero, sin importar lo bueno que sea un consejero, no puede ayudar a alguien que no se acuerde de su consejo o no lo ponga en práctica. La orientación que recibimos de la Palabra de Dios nos beneficiará sólo si la recordamos y la ponemos en práctica.
David dice en el texto de esta meditación: “A Jehová he puesto siempre delante de mí”. Cuando David fue a enfrentarse a Goliat, puso a Dios delante de él. Cuando se vio obligado a irse de su hogar y del tabernáculo de Jehová, primero por Saúl y luego por su hijo Absalón, puso a Dios delante de él. Él pudo hacer esto porque mantuvo la Palabra de Dios en su corazón, recordando las cosas que había aprendido desde su niñez. En algunas de las horas más oscuras de su vida, él escribió unos de sus salmos más hermosos.
David no sólo recordaba la Palabra de Dios, sino también la aplicó en momentos difíciles cuando su fe se ponía a prueba. Cuando David tuvo la oportunidad de matar a Saúl, no lo hizo. Él confió en que el Señor lo liberaría en el tiempo que él considerara apropiado. En algunas de las pruebas más terribles, David mantuvo al Señor siempre delante de él. Esto no era un sueño tonto o una ilusión de parte de David. El Señor no solamente estaba presente en la mente de David. Él verdaderamente estaba a la diestra de David, salvándolo de la muerte una y otra vez.
Aun cuando David se olvidó de Dios y cayó en el pecado, el Señor volvió a él y lo llamó al arrepentimiento a través del profeta Natán. Saúl y Absalón no pudieron destruir a David ni siquiera con sus intentos mejor calculados. Satanás no pudo arrancar a David del Señor ni siquiera con su tentación más diabólica. Ya que el Señor es fuerte e inquebrantable, David no pudo ser conmovido. David se sentía seguro porque se acordaba de Dios, pero, en verdad, David estaba seguro porque Dios se acordaba de él. Dios se acordaba de sus promesas a David, y las cumplió, no solamente cuando David le era fiel, sino que incluso cuando David se tropezó y cayó.
Tenemos promesas tan confiables como aquellas que se les dieron a David. Dios nos ha prometido el perdón de los pecados. Él nos ha prometido la vida eterna. Él nos ha prometido que nos mantendrá a salvo de toda maldad. Ya que Dios es inquebrantable, ya que sus prosas son cosa segura, no seremos conmovidos. Nada puede separarnos del amor de Dios.
Dios y Señor fiel, sabemos que no podemos encontrar seguridad o paz mental a través de nuestros propios esfuerzos, pero, ya que estás a nuestra diestra, confiamos en que nunca seremos conmovidos. Amén.
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© Luis I. Ramirez












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