EvangelioCuba God

Noticias, doctrina y recursos cristianos desde Cuba para el mundo.

“¿Qué decir de la aflicción?”

Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió. II Reyes 13:14

Qué chocante debe resultar para algunos, saber que Eliseo, el gran profeta de Dios, murió de una enfermedad desconocida y terminal. Dice el texto de hoy: Que Eliseo estuvo enfermo de la enfermedad de que murió. Pensar que el hombre usado poderosamente por Dios, que hizo milagros extraordinarios como: resucitar muertos, hacer brotar aceite para la viuda a punto de ser embargada, curar la lepra del general sirio Naamán, entre otras señales portentosas, de repente cayera postrado impotente, ante una enfermedad común, hasta el punto de ser diezmado por la misma.  Eso es un misterio incomprensible de la providencia divina, ¿verdad?

Hay al menos 3 enseñanzas breves que quisiéramos compartir en el día de hoy. Primero, que no existe tal cosa como inmunidad aflictiva para el creyente. Como creyentes que somos, debemos esperar aflicciones, enfermedades, angustias y todos los dolores que son comunes al resto de los seres humanos. Salomón nos dice en Eclesiastés 9:2, “Todo acontece de la misma manera a todos; un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno, al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica”. En segundo lugar, las aflicciones de los creyentes no atentan contra la soberanía de Dios, más bien, la confirman. Muchas personas se preguntan: Si hay un Dios en los cielos, entonces ¿por qué suceden tantas cosas malas a tanta gente buena? Y la respuesta es bien sencilla: Porque Dios es soberano, y es Él quien ha determinado cómo, cuándo y en qué forma han de acontecer todas las cosas con relación a los creyentes y a los no creyentes. Y en tercer lugar, aun las situaciones aflictivas de los creyentes son realidades que redundan para la gloria de Dios. Dios es el gran alquimista, sólo Él puede transformar el plomo del pesar nuestro en el oro de la gloria suya. Esa verdad quedó ilustrada perfectamente en la muerte de Lázaro, cuando muchos sólo veían total desconsuelo, Jesús vio una puerta abierta para que la gloria de Dios resplandeciera con toda su intensidad. Sólo Dios convierte el valle de lágrimas en hermosas fuentes, nos dice el Salmo 84:6.

Cristianismo Conforme a las Escrituras

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.