“¿Puede un verdadero creyente perder su salvación?”
Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos 6:23
Un tema sobre el cual se han peleado muchas batallas teológicas y es causa de confusión para muchos, incluso a creyentes fieles, es aquel que tiene que ver con la seguridad de salvación. ¿Puede un verdadero creyente perder su salvación? Frente a una pregunta tan importante, existe una sola respuesta posible a la luz de las Escrituras: es
imposible que un verdadero creyente pueda perder su salvación. Y noten que hemos usado la palabra “imposible” a propósito; no hemos dicho que es improbable, dudoso o difícil que un creyente pierda su salvación, es sencillamente imposible que una persona cuyos pecados todos han sido perdonados, que ha sido lavada por la sangre de Cristo, justificada, adoptada en la familia de Dios, santificada por el Espíritu Santo pueda caer de su estado de gracia, perdiendo así su salvación.
En este asunto hay dos extremos que debemos evitar; recordemos siempre que la verdad está en el punto medio. Por un lado, no creemos en el cacareado “salvo y siempre salvo” que algunos con ligereza enarbolan, como una forma de justificar su vida de pecado y libertinaje cristiano; eso es una distorsión de las verdades del Evangelio; por otro lado, debemos cuidarnos del extremo opuesto a este: “salvo, pero nunca salvo”, como si la Biblia no ofreciera garantía alguna sobre el estado de salvación que ahora disfrutamos en Cristo, quien ha comprado para su pueblo una salvación perfecta, segura, irrevocable y completa. Más bien, lo que nosotros creemos, porque así lo enseñan las Escrituras es “salvo y por su gracia salvo”, eso sí hace justicia a la verdad bíblica.
Nuestro texto de hoy es uno de los tantos textos que podríamos mencionar, que enseñan más allá de toda duda, que la salvación nunca se pierde. Notemos: “la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús…”; aquí se nos presenta un claro contraste entre el resultado del pecado y el resultado de la gracia. Mientras que la muerte espiritual y eterna es la paga (el salario, como dice el original griego) de nuestros pecados, la vida eterna es algo que Dios nos regala, es decir, una dádiva. Cuando el hombre peca, el resultado (el pago como salario) de sus propios pecados es la muerte eterna, mientras el creyente no tiene que obrar para obtener la salvación, porque ella es el resultado exclusivo de la gracia “gratuita” de Dios.
Ahora bien, según el texto de hoy, ¿qué es lo que Dios nos da, nos regala, nos otorga, nos concede de forma total, absoluta y completamente gratuita?: la vida eterna; no es una vida temporal, efímera o pasajera es vida eterna. Si Dios nos otorga vida eterna y nosotros pudiésemos perderla, entonces no sería vida eterna, y sería una contradicción de términos: una vida “eterna” que se pueda perder; o es “eterna” o no lo es, pero no puede ser ambas cosas al mismo tiempo; por tanto, este solo texto enseña que un creyente no puede perder su salvación, porque la salvación por definición bíblica es en esencia “VIDA ETERNA”. El mismo Señor declaró en Jn 3,36: “El que cree en el Hijo tiene VIDA ETERNA…”; Cristo no dijo que tendrá o tuvo vida eterna, sino que “TIENE” en presente, ahora mismo, en la actualidad, en este mismo momento; y en Jn 5:24 se nos dice: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, TIENE VIDA ETERNA; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”. Amados, tenemos ahora vida eterna, como dice 1 Jn 5,13: “Estas cosas os he escrito a vosotros… para que sepáis que TENÉIS VIDA ETERNA”. Diga hoy todo el pueblo de Dios: tenemos una vida eterna que jamás podremos perder. Amén
© Reynaldo Perez
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Cristianismo Conforme a las Escrituras












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