¿Por qué debemos pensar correctamente sobre Dios?
«Conozcamos, pues, esforcémonos por conocer al Señor». Oseas 6:3 LBLA
Lo que nos viene a la mente cuando pensamos en Dios es lo más importante de nosotros. La adoración será pura, o baja, según el lugar en que el adorador tenga a Dios. Por esta razón, la cuestión más importante que la Iglesia tiene delante, siempre será Dios mismo, y la realidad más portentosa acerca de cualquier ser humano no es lo que él pueda decir o hacer en un momento dado, sino la forma en que concibe a Dios en lo más profundo del corazón. Por una ley secreta del corazón, tenemos la tendencia de acercamos hacia la imagen mental de Dios que poseamos
. A.W.Tozer
Lo más revelador acerca de la Iglesia será siempre su idea de Dios, así como su mensaje más significativo es lo que diga sobre Él, o lo que deje sin decir, porque con frecuencia, su silencio es más elocuente que sus palabras.
Si fuéramos capaces de conocer con exactitud lo que piensan sobre Dios los más influyentes de nuestros líderes religiosos, podríamos predecir con bastante precisión dónde se hallará la Iglesia mañana.
Que nuestra idea de Dios se aproxime lo más posible al verdadero ser de Dios es algo de inmensa importancia para nosotros. Comparados con nuestros pensamientos reales acerca de Él, nuestras declaraciones en los credos resultan de poca importancia.
Nuestra idea real de Dios pudiera hallarse enterrada bajo los desechos de las nociones religiosas convencionales, y sólo después de una fuerte prueba de doloroso examen personal, estaremos en condiciones de descubrir lo que creemos en realidad sobre Dios.
Decía Tozer: “Tener un concepto correcto de Dios es algo fundamental, no sólo para la teología sistemática, sino también para la vida cristiana práctica”.
“El hombre que llega a unas creencias correctas con respecto a Dios queda aliviado de mil problemas temporales”.
El bajo concepto de Dios destruye el Evangelio para todo el que lo tenga.
Entre los pecados a los que tiende el corazón humano, es difícil hallar otro que sea más odioso para Dios que la idolatría, porque la idolatría es en el fondo una calumnia, una denigración a Su personalidad. El corazón idólatra da por sentado que Dios es otro distinto a quien es – algo que es en sí un monstruoso pecado – y sustituye al Dios verdadero por otro hecho a su propia semejanza.
Es muy natural que un dios engendrado en las sombras de un corazón caído no sea una verdadera semejanza del Dios verdadero. El Señor le dice al malvado en el salmo: »Tú pensabas que yo era totalmente igual a ti”.
Pablo dice: «Habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.» (Rom. 1:21) A esto siguió la adoración de ídolos fabricados a semejanza de hombres, y de aves, y de bestias, y de reptiles, pero esta serie de actos degradantes comenzó en la mente. Las ideas equivocadas sobre Dios no sólo son la fuente de las que fluyen las aguas contaminadas de la idolatría; ellas mismas son idolátricas.
Es tan necesario para la Iglesia el tener un alto concepto de Dios que, cuando ese concepto declina o se abandona, la Iglesia, con su adoración y sus normas morales, declina junto con él.
La obligación más fuerte de cuantas pesan sobre la Iglesia cristiana de hoy consiste en purificar y elevar su concepto de Dios. En todas sus oraciones y trabajos, esto debiera ocupar el primer lugar.
Le haremos el mejor de los servicios a la próxima generación de cristianos si les entregamos sin disminuir ese noble concepto de Dios que recibimos de nuestros padres hebreos y cristianos de generaciones pasadas.
© Luis Ramirez
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Cristianismo Conforme a las Escrituras












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