“Palabras para un corazón afligido”
“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse”. Romanos 8:18
Comenzaremos una breve serie aprendiendo a ver las aflicciones terrenales desde la optica de Dios, cómo Dios las ve, qué nos dice las escrituras al respecto.
¿Cambiarías una onza de aflicción por una tonelada de gloria? ¿Cambiarías un segundo de dolor por una eternidad de gozo? ¿Eres capaz de soportar un presente manchado de vicisitudes por un futuro brillante de bendiciones? ¿Verdad que vale la pena? Es mejor sufrir ahora por el Señor con tal de mañana ver el rostro de aquel que nos amó y se entregó sin reservas por nosotros. Si sufrimos por él, también reinaremos con él (II Tim 2:12). Es mejor correr la carrera que tenemos por delante, despojándonos de todo el peso que nos asedia, con tal que podamos llegar a la meta, sin que nada lastre nuestro ligero avanzar, como esos atletas de alto rendimiento.
Pablo nos presenta dos panoramas: El oscuro presente pasajero frente al radiante porvenir de gloria. ¿Y qué balance arroja la comparación? Pablo no baraja su conclusión y nos dice él que no existe punnto de comparación. “Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no se comparan con la gloria que ha de venir”. El problema es que a veces las angustias temporales que enfrentamos en este orden actual de cosas nos hacen perder de perspectiva el glorioso futuro que Cristo nos ofrece. Si nos enfocamos tanto, tanto en nuestras limitaciones terrenales, podemos llegar a desanimarnos de tal forma, que perdamos todo entusiasmo por las excelencias celestiales que nos aguardan.
Debemos estar convencidos de a quién hemos creído y que todas sus promesas son ciertísimas. “Tengo por cierto”, no hay ningún dejo de dudas en las palabras paulinas, que nos motivan a seguir hacia adelante. No importa cuán oscuro se presente el paranorama actual ante nuestros ojos, debemos estar 100% convecidos de que la glorai venidera no se compara con el oropel de este mundo falaz y engañoso. Recordemos las palabras del apóstole Juan en su hermosa carta: “Y el mundo pasa y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Jn 2:17).
No nos dejemos engañar como cuando éramos niños que teníamos en la mano una moneda pequeña de 10 centavos, y nuestro hermano mayor pretendía cambiárnosla por una de 5 centavos, por el hecho de que era mucho más grande; pero su tamaño no determinaba su valor. Así son las cosas de este mundo, aunque en apariencia son más atractivas, seductoras y llamativas, sin embargo, en cuanto a valor no son comparables con las glorias que Dios nos ha ofrecido en Cristo Jesús por su divina gracia. Andamos por fe y no por vista para que no caigamos en la trampa del pecado. Amén
— © Reynaldo Perez
Cristianismo Conforme a las Escrituras












Deja una respuesta