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“Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría de Dios”

“Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría de Dios” 

Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.  Romanos 11:32

Uno de los textos más densos de todo el NT, sin lugar a dudas, es este que nos llega a través de la perla de hoy: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos”. ¡Waooo! Ante la profundidad teológica encerrada en esta divina revelación tenemos que quitarnos el calzado porque estamos pisando un terreno santo. Noten cómo fue a la luz de esta declaración inspirada por el Espíritu Santo que el apóstol Pablo, sobrecogido de santa admiración, tuvo que exclamar: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? (Ro 11:33-35).

Ahora bien, ¿qué quiso decir Pablo cuando escribió que Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos? En primer lugar, él no quiso significar bajo ningún concepto bíblico que Dios es autor de pecado, ya que las mismas Escrituras nos recuerdan en Stg 1,13: ”… Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie”; y en Gal 2:17 se nos dice que Cristo no puede ser ministro de pecado; lo que Pablo quiere indicar en esa gloriosa declaración es que Dios permitió, conforme a su propósito eterno, el pecado de Adán (sin que Él haya movido al primer Adán a hacerlo), para luego mostrar su gracia a toda la raza humana por medio de Cristo (el segundo Adán), para que, por causa de la desobediencia de uno (Adán), los muchos sean justificados en Él (Ro 5:19).

Así que el pecado original de Adán siempre estuvo en armonía con el plan redentivo de Dios. Tomemos en consideración que Cristo fue elegido como el cordero que había de ser inmolado, desde antes de la fundación del mundo (1 P 1:20). Eso quiere decir, que antes de que hubiese cielo y tierra; antes de la creación de los ángeles, serafines, querubines y el mismo Satanás; antes de que Dios creara el huerto del Edén para poner el hombre allí, ya Dios había señalado a Cristo como el sacrificio perfecto que habría de quitar el pecado del mundo. Antes de que Dios dijera: ¡Sea la luz! ya Dios había dicho: ¡Sea la cruz! Por tanto, cuando el hombre pecó, no se declaró una emergencia en el cielo ni hubo que improvisar una salida urgente para solucionar el problema del pecado del hombre. La caída del hombre en el paraíso, y su solución, siempre estuvieron bajo el control de Dios; siempre fue parte de su diseño, voluntad y propósito eterno.

Así que, no hay ninguna dificultad en entender que “Dios sujetó a todos en desobediencia”, porque Él quería mostrar misericordia a todos. La palabra “misericordia” (etimológicamente «miseri-acorde») significa: “de acuerdo a nuestra miseria”, porque es precisamente en el contexto de ese fondo oscuro y tenebroso del pecado del hombre que la gracia de Dios brilla con mayor intensidad. Un diamante resalta más su brillo y esplendor cuando se le coloca como fondo un terciopelo negro; de la misma manera la misericordia de Dios mostrada en Cristo Jesús es más exaltada al encontrar como telón de fondo el negro pecado del hombre. Por eso dice Pablo en Ro 5,8: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. Demos gracias a Dios por ese plan redentor que sólo Él pudo diseñar, porque aunque no lo llegamos a entender en toda su plenitud, sí hemos recibido, por medio de la fe, los beneficios que se nos ofrecen a través del mismo en la persona de Cristo Jesús. Amén

©  Reynaldo Perez

Cristianismo Conforme a las Escrituras

 

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