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“…Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos…” Ap 5.4–5
¿Comprendes el significado de la primera oración?
Según esta narración, Juan vio un rollo atado con siete sellos, y luego de pregonar el ángel; no se hallaba a nadie digno de desatar los sellos y abrir el libro. Luego dice el propio Juan: …y lloraba yo mucho…
¡Que tragedia! No se hallaba a nadie digno. Nota que no se habla de ser capaz, se habla de ser digno. De acercarse al trono. De tener la autoridad para desatar los sellos. Finalmente apareció uno. Descrito por varios nombres. El único, solo Él.
¿Por qué Juan lloraba de esta forma? Si continuamos leyendo, veremos que cada vez que se desata un sello; se ejecuta un juicio sobre nuestro mundo lleno de pecado. Este rollo garantiza regreso al orden original para el que fuimos creados. Es la ejecución del plan Divino. Es la solución a todo el sufrimiento traído por nuestro pecado.
¿Te imaginas? Si nadie hubiese sido hallado digno, nuestra historia habría quedado inconclusa. Sería como una serie de suspenso, en la que el mal queda venciendo sobre el bien. Ni siquiera en programas televisivos estamos dispuestos a aceptar tales finales. Siempre esperamos un desenlace en el que el mal es destruido y los malos son castigados. Solo entonces nuestro corazón se regocija y nos sentimos confortados.
El problema es que nuestra historia no es una novela. Es nuestra realidad. La injusticia, la muerte, el abuso, la traición y otros tantos males que nos hacen sufrir; no los vemos a través de una pantalla. Lo vemos y palpamos como nuestra realidad. El dolor que causan en real. Aún la creación gime anhelando su redención (Ro 8:22)
Por eso Juan lloraba desconsoladamente. Porque sin un campeón que pudiese abrir el libro, nuestra historia sería un eterno sufrir. Hay una palabra que podría describirlo DESESPERANZA. ¿Podrías vivir sin ninguna esperanza?
Pero nuestro campeón apareció para cambiar nuestra historia. Ahora sabemos que hay alguien digno para desatar los sellos y cambiar para siempre nuestro destino. Es entonces que entendemos el significado de tantas frases que pronunció con sus propios labios: “Yo Soy el Camino, la Verdad, y la Vida… Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia…el que cree en mí, ha pasado de muerte a vida”
Juan lloraba, pero nosotros hoy deberíamos rebosar de felicidad y alabanza, al saber que nuestro destino fue cambiado. Que tenemos una esperanza. Que nuestra historia no es suspenso sino esperanza de vida y felicidad.
Juan sabía que por terribles que fueran las consecuencias, él no era digno ni siquiera de acercarse al libro. Tampoco nosotros somos dignos, pero el que fue a la cruz y resucitó al tercer día, fue por nosotros y desató los sellos. Los sellos que pondrán al universo a sus pies para que nuestra eternidad sea verdadera vida.
Gózate en este día porque la única esperanza que sobrepasa los dolores de nuestro mundo caído, tu campeón la ha ganado por ti y la ha traído.
“…Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza; Entonces dirán entre las naciones:
Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos. Grandes cosas ha hecho Jehová con nosotros; Estaremos alegres…” Sal 126.2–3.MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA












Yipsi
Por eso te doy glorias y alabanzas oh Jesús tu eres nuestro consuelo, nuestra eperanza en la aflcción aunque el hombre falle se que te tengo a ti salvador amado, tu me diefiendes de la injusticia aún de aquellos que llamados a confortar destruyen con sus bocas.