“…Hijo mío, si recibieres mis palabras, Y mis mandamientos guardares dentro de ti, Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; Si inclinares tu corazón a la prudencia, Si clamares a la inteligencia, Y a la prudencia dieres tu voz; Si como a la plata la buscares, Y la escudriñares como a tesoros, Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios…”
Proverbios 2:1-22
Amados hermanos, notemos en esta porción de la escritura, como el padre vuelve a dirigirse a su hijo implorándole que reciba sus palabras, guarde sus mandamientos y preste su oído y corazón a la sabiduría, la inteligencia y la prudencia (2:1–3). Cada una de estas virtudes tiene su significado, pero parece que se usan como sinónimos. La palabra clave es siempre la sabiduría. El pasaje nos lleva a un proceso necesario para obtener la sabiduría 2:1–4. El hijo debía recibir la enseñanza (2:1a). Debía guardar o atesorar los mandamientos (2:1b). Existe siempre la posibilidad de olvidar aun lo que uno ha recibido. Esto implica la disciplina de la meditación para grabar bien los mandamientos en la mente y corazón. Debía buscar la sabiduría diligentemente, como quien busca un tesoro precioso de plata (2:4).
¿Qué beneficios disfrutamos al recibir la sabiduría 2:5–22
Conocer a Dios y gozar de su protección (2:5–8). El que busca la sabiduría como a un tesoro, entenderá el temor de Jehová y hallará el conocimiento de Dios (2:5). El Señor guarda el camino de sus santos (2:8). Tener discernimiento en las cosas de la vida. (2:9–22) “Entonces entenderás justicia, juicio y equidad, y todo buen camino” (2:9). Todo creyente sincero quiere saber cómo aplicar la enseñanza a su vida. Dios iluminará el camino del que recibe la sabiduría a cada paso que da. Además, la sabiduría entrará en su corazón; la ciencia será grata a su alma; será guardado por la discreción, y la inteligencia le preservará (2:10–11). Lo bello de esta enseñanza es que la sabiduría actúa desde adentro de la persona y por el ejercicio de usarla, llega a ser fácil tomar decisiones correctas.
Nos protege de hombres perversos (2:12–15). Los hombres malos a que se refiere este pasaje pueden ser incrédulos o creyentes caídos. Hablan perversidades, andan por sendas tenebrosas, se alegran haciendo el mal, se huelgan en las perversidades del vicio, sus veredas son torcidas y sus caminos también (2:12–15). Mientras que el que recibe la sabiduría hace lo correcto naturalmente, el que la rechaza sólo hace el mal. El énfasis de este pasaje es que Dios libra del mal camino al que recibe la sabiduría.
La vida sabia nos cuida de la mujer adúltera (2:16–19). En la sección 1:11–19 tomamos nota de las artimañas de los pecadores. El autor no quería que su hijo amado, pero inexperto en la vida, cayera en la trampa de la mujer ramera. Le promete que la sabiduría, que ya está en su corazón, lo librará de la mujer adúltera (2:16). La mujer ajena halaga con sus palabras, abandona a su marido y olvida el pacto de su Dios. Ella va directo a la muerte, y se lleva consigo a todos los que se acerquen a ella (2:17–19).
El sabio habitará la tierra, vivirá muy bendecido en ella, y verá a los inicuos desarraigados de ella (2:20–22). Amados recuerden que la vida sabia no depende del racionalismo, o de ideas humanistas sino del temor del Señor.
MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA












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