“…Y el pueblo había servido a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué, los cuales habían visto todas las grandes obras de Jehová, que él había hecho por Israel…” Jue 2:7
La historia de la nación de Israel nos deja una mezcla de emoción y tristeza. No podemos menos que quedar agradablemente emocionados al ver a Dios amar a un pueblo en la manera que lo hace con los israelitas. Las portentosas obras del Señor en favor de los mismos hablan muy alto de la misericordia, gracia y amor de Dios hacia ellos. El Dios que cuida y protege a su pueblo en maneras tan asombrosas despierta en nosotros hambre y sed de él. En este sentido la historia de ellos nos inspira a entregarnos por completo a Dios.
Pero dicha emoción es salpicada de una profunda tristeza, no porque Dios sea insuficiente para darnos protección. Se debe a la lamentable reacción de aquellos que son objeto de tan inmerecida atención. Inexplicablemente una y otra vez muchos de quienes reciben tanto de Dios se olvidan de él y no le tienen en cuenta para nada en sus vidas.
Ser testigo, como lo fueron los hijos de Israel, de todas las grandes obras hechas por Jehová es un grande privilegio que te pone en una posición muy favorable. Sí, es incuestionable la realidad de Dios para todos aquellos que hemos interactuado con él. Por eso las tempestades de la vida no son suficientes para apagar y echar por tierra una fe bien cimentada en una relación genuina con el Todopoderoso Dios.
La pregunta que quiero hacerte es ¿eres tú un testigo del amplio y generoso accionar de Dios? Si lo eres, permita Dios que así sea, entonces ¿Qué estás haciendo con el conocimiento que tienes de Él? ¿Estarán las generaciones que nos suceden viendo y escuchando un testimonio que les muestre la grandeza de Dios?
No nos conformemos con tener a Jesucristo como nuestro salvador, llenémonos de Él y su Espíritu. Entonces este hará brotar una fuente de agua que salte para vida desde nosotros. Nuestros hijos y los hijos de nuestros amigos, vecinos, compañeros de trabajo y compatriotas verán al salvador que necesitan en la vida de genuinos testigos de Cristo.
Es doloroso ver que los israelitas caminaron con Dios en tanto vivieron los testigos de la grandeza de éste, pero muertos ellos, las cosas fueron diferentes. ¿Qué esperamos que suceda con la niñez que hoy visita las iglesias, en cualquiera de sus modalidades? El Cristo de gloria vive y reina en nosotros marcando una diferencia. Que nuestra oración a Dios sea ser usados por él para que ellos lleguen a ser testigos del gran obrar de Jesús por la humanidad.
Ser fiel testigo de Cristo es lo mejor que podrás dejar a las nuevas generaciones, incluidos tus hijos.
MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA












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