Est 4.14 “…Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?
¡Cuán grande privilegio es ser escogido por Dios para un ministerio! Llevar sobre nosotros la mirada de nuestro Dios Soberano es el más alto privilegio que el hombre pudiese anhelar. Sin embargo, necesitamos un corazón transformado y una mirada centrada en Dios para no desviarnos. El llamado de Dios nunca vendrá sin retos.
En nuestros días, muchos presumen de haber sido ungidos para ministerios especiales. Puestos en posiciones de honor donde tienen un “brillo” que les hace sentir privilegiados. Lastimosamente su mirada la mayoría de las veces se concentra en la fama, los beneficios, el placer de estar por encima. Pero la realidad es que su corazón les traiciona.
Cuando miramos la Palabra de Dios, nos damos cuenta de que el llamado de Dios para un ministerio dentro de su obra viene ligado con sufrimientos y desafíos que muchas veces ni quisiéramos enfrentar. Se trata de sufrir, esforzarnos, correr riesgos, llevar cargas, enfrentar problemas que, de no estar comprometidos con el servicio a Dios; nunca enfrentaríamos
Tan importante como el servicio que creemos prestar es la actitud con la que lo hacemos. Así lo expresa (1 Pedro 5:2-4) “…no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey…”.
Esta es la verdad que aun Ester estaba por entender. Había recibido una posición, pero con un propósito. Dios le había puesto para hacer a través de ella una obra que quedaría registrada para toda la historia.
¿Fácil? No, nunca es fácil. El Dios que nos ha llamado ha provisto todo para que hagamos su obra, pero nuestro servicio irá en medio de batalla y dolor.
Tal vez, al comprender esto, ya no estemos tan interesados en ser escogidos para un ministerio especial. Por supuesto llevará un sacrificio especial. Algo que no tendríamos que sufrir si no formáramos parte de la historia que Dios está escribiendo. Pero es Dios quien llama y esta es precisamente la marca de su llamado.
Ester fue el instrumento para librar a su pueblo de un plan maléfico pero fue puesta en riesgo de muerte sin saber de antemano lo que sucedería.
Mirar nuestro servicio a Dios desde esta perspectiva puede que nos los haga menos atractivo, pero nos ayudará a andar por un camino más seguro. Las luchas vendrán. Si quieres meterte en problemas trabaja para la edificación de su Reino.
Esta fue la realidad del ministerio de Jesús. El anuncio de su ministerio nos describe su camino:
“…He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones…” Is 42.1
“…Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados…” Is 53.5
¿Quién pudiera desear un ministerio como este?
De sufrimiento y muerte fue vestido para traernos la paz de nuestro Dios. Resucitado en gloria abrió la puerta que nuestro pecado había cerrado. Su camino no lo deseamos. Sin embargo es el más preciado de todos los dones.
Este es el modelo que hemos de tener todos los que deseamos ser instrumentos en sus manos. No podremos servirle sin enfrentar las luchas que vendrán aparejadas.
¡Miremos a Jesús y sirvamos sin estimar lo empedrado del camino porque allí le veremos para sostenernos y llevarnos de triunfo en triunfo!
MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA
MI DEVOCIONAL DIARIO












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