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“Ley de fuego”

“Ley de fuego” 

Jehová vino de Sinaí, con la ley de fuego a su mano derecha. Deuteronomio 33:2

 

La primera vez que leí este texto, hace muchos años, fue chocante para mí la forma en que la Escritura define la ley de Dios: La ley de fuego; ¡waoooo! ¿Verdad que es impresionante? La ley Dios no es como las leyes de los hombres, concebidas muchas veces con el fin ulterior de ser violadas e irrespetadas. De leyes está pletórica nuestra constitución; hay leyes para todos y para todo; leyes para el día de lluvia y el día de sol; para invierno y verano; leyes a tiempo y fuera de tiempo, en blanco y negro y a color; si a leyes vamos, tenemos leyes para botar, como decimos en mi país. Sin embargo, mientras los legisladores multiplican cada año el número de leyes por dos, más caótica se torna la sociedad; más desorden público, más desacato social, irrespeto a todo nivel; en fin, al parecer vivimos en una jungla de asfalto, una babel de concreto y en una selva mediática.

 

Mas no así la ley de Dios; cuando Dios se presentó en Sinaí para entregar a Moisés su ley escrita con su puño y letra, Dios lo hizo en medio de un portentoso despliegue de su poder y su gloria. El monte humeaba, la montaña se estremecía, Moisés temblaba de miedo y el pueblo fue consumido por un indescriptible temor. Un fuego se elevaba sobre la montaña hasta la mitad del cielo iluminando todo a su alrededor (Deut 4:11). Todo eso era parte del lenguaje simbólico y extraordinario de Dios para que entendamos que su ley es ley de fuego (símbolo de juicio) y no un mero cúmulo de palabras sin ningún valor, autoridad o sentido. Violentar la ley de Dios es pisotear su santa Palabra, y no serán sin culpa todos cuantos vivan una vida en franco desafío a lo que Él ha dicho y declarado. El pecado es la infracción de esa ley de fuego, y todos cuantos han pecado son culpables de haber quebrantado su ley. A menos que te refugies en Cristo para recibir perdón de tus pecados, esa misma ley que tú has violado con tanto deleite será la misma ley de fuego que te juzgará en el día del juicio final. Cristo dijo: “La palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Juan 12:48).  Amén

 

 

—  ©  Reynaldo Perez

Cristianismo Conforme a las Escrituras

 

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