“La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”. Santiago 1:27
Decía el gran historiador inglés Christopher Dawson que: “Las grandes religiones son los cimientos sobre los cuales reposa la civilización”. El hombre como un ser profundamente espiritual, hecho a la imagen de Dios, siente la necesidad de acercarse a su Creador como una forma de canalizar esa manifestación viva e interior de la presencia de Dios en él que le da testimonio en su conciencia de que nosotros, los seres humanos, somos diferentes y superiores a los animales, y que la razón y significado de nuestra existencia terrenal debemos buscarla más allá de este conjunto de cosas materiales que llamamos mundo.
Lamentablemente, muy pocas religiones expresan y encauzan legítima y adecuadamente este sentir espiritual del hombre, ya que casi todas han sido distorsionadas y oscurecidas por el pecado que hay el hombre, perdiendo de esta manera el verdadero enfoque que le da origen, para pasar a convertirse en una proyección de sus propias perspectivas y cosmovisión personal. Es por eso que muchos países se valen del instrumento de la religión para justificar su terrorismo, reclutando a jóvenes e incluso niños para involucrarlos en guerras inútiles que en la mayoría de los casos esos muchachos no entienden, ni las causas por las que luchan ni los intereses que se esconden detrás de tales supuestas “guerras santas”.
La verdadera religión debe evidenciar en su doctrina y práctica el carácter santo y misericordioso de nuestro Señor Jesucristo. El espíritu de la verdadera religión debe ser un reflejo exacto del contenido de las Sagradas Escrituras. En la perla de hoy, Santiago identifica y resume maravillosamente dos de las marcas distintivas de la verdadera religión: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”. Así que, dos de los ejes principales (no los únicos) que sustentan el verdadero espíritu religioso son: el mostrar misericordia (visitar a los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones), eso es el fruto visible de la gracia de Dios obrando en sus hijos, y el compromiso por la santidad personal, es decir, participar de esa lucha diaria por mantenerse puro y sin manchas en este mundo, movido por el Espíritu Santo, orientado por la Palabra y sostenido por la gracia del Señor.
Así que cualquiera que se haga llamar religioso o enarbole el estandarte de cualquier religión, pero no muestre en su vida diaria de piedad los frutos de santidad demandados por la Palabra, o el espíritu de misericordia enseñado por Jesús que debe extenderse hasta aquellos que son nuestros enemigos, la religión del tal es vana; él está autoengañado y próximo a ser reprobado y quemado como la hierba seca. Si hubo personas que eran extremadamente religiosas, estos fueron los fariseos, sin embargo, su religión dejaba mucho que desear, porque no producía en ellos los frutos de amor, gracia y santidad esperados; por eso Jesús desnudó su falsedad religiosa ante el pueblo, llamándolos: necios, hipócritas, ciegos, sepulcros blanqueados, etc. Amigo y hermano, si la religión que profesas no es capaz de moverte a vivir en santidad para Dios y hacer misericordia a los demás, créeme, y te lo digo con toda la autoridad que me conceden las Escrituras: tu religión es estéril, vacía, insustancial e inútil. Tienes que venir a Cristo y darle tu corazón para que los frutos de la verdadera fe se manifiesten en ti. Amén.
—
— © Reynaldo Perez
Cristianismo Conforme a las Escrituras












Deja una respuesta