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“Las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces”. Salmos 12:6
Mis amados, no son dos ni tres las veces que los enemigos de Dios han anunciado públicamente la muerte de la Biblia, pero todavía nadie ha podido mostrar el cadáver. La Biblia continúa firme, en pie de lucha, y permanece tan vigente y actualizada como desde el mismo momento en que salió de la boca del Altísimo: “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos” (Sal 119:89). Y esta realidad es, y siempre será así por lo que declara la perla de hoy: “Las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces” (Sal 119:89). En el texto de hoy encontramos algunas maravillosas enseñanzas sobre la Biblia que fortalecen nuestras almas, y nos confirman una vez más que nuestra fe descansa sobre la roca segura, inmutable e inconmovible de lo que Dios ha declarado.
En primer lugar, vemos que TODA la palabra de Dios es igualmente limpia, y no tan sólo una parte de ella. Se extiende hacia todo su contenido: sean estas historias, advertencias, doctrinas, profecías, juicios, promesas o poesías, todos son uniformemente limpios. Hay personas que desprecian una parte de las Escrituras para preferir otras, pero el que no ama la Palabra de Dios en su totalidad, no la ama del todo. Si bien es cierto que muchas partes de las Escrituras son para nuestra enseñanza; otras para nuestro crecimiento en gracia; otras para advertirnos del peligro de nuestros malos caminos, y otras para nuestra consolación, toda ella es divinamente inspirada, y no podemos caer en la semiblasfemia de considerar que una porción es más inspirada que otra, o de estimar el NT por encima del AT. Yo vi una iglesia que se llama: Iglesia del NT; y yo me pregunto: ¿y qué hace esa iglesia con el AT? ¿Lo tira a la basura? Líbrenos Dios de semejante herejía. Toda la Biblia es inspirada, y a la vez ella es nuestra inspiración.
La Palabra de Dios es comparada a plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces. Esa figura que usa el salmista nos habla, en segundo lugar, de la pureza de la Palabra. Eso significa que ella no está mezclada con el error. La Biblia no es una mezcla de medias verdades revueltas con medias mentiras. El autor de las Escrituras es Aquel que no puede cometer errores, y que jamás engañará a sus hijos con falsas promesas o revelaciones. La pureza de las Escrituras nos dice además que ella no tiene mezcla con el mal, es decir, ella no es autora de pecado, ni mueve a nadie pecar. Toda la revelación de Dios es buena, justa y santa; sus principios son santos, sus promesas son santas, sus juicios son santos, y aun las historias más tristes registradas en ella, lejos de ser incentivo para el pecado o un señuelo para el mal, más bien son un faro de luz que nos advierte, y una senda iluminada que nos conduce a Dios.
En tercer lugar, la Biblia es como plata refinada por el valor incomparable que tiene. Así como la plata es de mucho valor, así también lo son las Escrituras. Ellas son deseables como el oro afinado (Sal 19:10). Ellas son como adornos de gracia en nuestras cabezas, y collares en nuestros cuellos (Pr 19). En ellas hallaremos tesoros invaluables (Pr 2:4). En cuarto lugar, la Palabra de Dios es como plata purificada siete veces en hornos de tierra, porque ella ha sido probada en los más hirvientes hornos de la persecución. Satanás ha traído los carbones más ardientes del infierno para arrojarlos sobre la Biblia, pero la Palabra siempre ha salido airosa. Dios no sólo realizó el milagro de su inspiración, sino que a través de los siglos ha obrado el milagro de su preservación, para que nadie pueda triunfar sobre ella. La Palabra de Dios es pura, santa, perfecta, libre de errores y fallas, exenta de impurezas, no tiene relación con el mal, preciosa y probada hasta la saciedad; y es por eso que hoy con toda confianza la podemos declarar como la única, inerrante, infalible y toda suficiente Palabra de Dios, que vive y permanece para siempre. Amén
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— © Reynaldo Perez
Cristianismo Conforme a las Escrituras












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