“La confianza del que teme a Dios”
“No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová”. Salmos 112:7
La perla de hoy se encuentra en el contexto de Salmos 112, que describe la bienaventuranza de temer a Dios. David describe en este pasaje cuatro aspectos del hombre temeroso de Dios. Primero: él halla gran deleite en hacer la voluntad del Señor y en guardar sus mandamientos; para él, vivir de acuerdo a las demandas de Dios, lejos de ser una carga insufrible, más bien constituye una fuente de verdadera delicia para su espíritu renovado: “Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera” (Sal 112: 1). Segundo: él es objeto de la bendición especial de Dios, en un sentido espiritual y en un sentido material: “… La generación de los rectos será bendita; bienes y riquezas hay en su casa…” (vv. 2 y 3).
Tercero: el hombre que teme a Dios se distingue por su carácter misericordioso y por poseer un agudo discernimiento: “El hombre de bien tiene misericordia, y presta; gobierna sus asuntos con juicio” (v. 5). Y el cuarto aspecto lo encontramos en la perla de hoy: “No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová”. Amados, el mundo es como un volcán en erupción; estamos sentados sobre un barril de pólvora a punto de estallar. No pasa un día sin que, prácticamente, no seamos conmovidos por una noticia de resultados alarmantes. Cuando no es la caída de un avión con cientos de pasajeros a bordo, es la explosión producto de una bomba terrorista colocada en uno de los modernos aeropuertos, embajadas o metros de alguna de las grandes ciudades del mundo. Vivimos bajo una angustiosa paranoia por la expectación de las cosas que pueden suceder.
Pero qué nos dice el texto de hoy: aquel que teme a Dios no tiene temor de MALAS NOTICIAS, porque su corazón está firme, confiado en Dios. No importa cuán desolador pinte el panorama ante nuestros ojos, nuestra confianza en Dios nos prepara para recibir la peor de las noticias sin que nos desplomemos. Cuando al profeta Habacuc le fue revelado la inminente invasión del terrible y despiadado ejército de los caldeos, todo el pueblo estaba literalmente temblando de miedo, mas Habacuc se mantuvo todo el tiempo confiado en Dios: “… Yo estaré quieto en el día de la angustia” (Hab 3:16), porque “… el justo por la fe vivirá” (Hab 2:4).
Las malas noticias tienden a llenarnos de ansiedad y agitación, pero el que teme a Dios no tendrá temor aun de las cosas malas que puedan sobrevenirle. La congoja que podamos sentir ante las contingencias de la vida (esas variables que no podemos controlar) está directamente relacionada con nuestra confianza en Dios; mientras más firmes y enraizados están nuestros corazones en las promesas del Señor, menos tensión sentiremos al enfrentar las malas noticias. Pablo y Silas se encontraban encarcelados en Filipos en espera de juicio, y en vez de desmayar su ánimo ante la incertidumbre de lo que les esperaba, más bien, entonaban a medianoche, cánticos de alabanza al Señor, como señal de la plena confianza que tenían en Dios. Amados, nuestro temor a Dios echa fuera el temor ante el futuro incierto, la muerte y las malas noticias. ¡Sigamos confiando, pues Él ya venció al mundo! Y todo es de Él, por Él, y para Él (Ro 11:36). Amén
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— © Reynaldo Perez
Cristianismo Conforme a las Escrituras












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