“Justo es Dios, aún cuando no comprendemos”
Justo eres tú, oh Jehová, para que yo dispute contigo; sin embargo, alegaré mi causa ante ti. ¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente? Jeremías 12:1
Mis carísimos hermanos, aunque Dios conoce todas las respuestas a todas nuestras interrogantes, no ha sido su voluntad el revelárnoslas a nosotros, para que, en primer lugar, aprendamos a confiar en Él en todo momento y circunstancia; y en segundo lugar, porque esa es otra forma de humillar nuestro orgullo y autosuficiencia. Si Dios hubiese revelado hasta el último detalle cada uno de sus planes para con nosotros, en cierto modo, ¿para qué hubiésemos necesitado a Dios? Ya que todo lo que hubiésemos necesitado saber, ya Él nos lo habría comunicado. Sin embargo, el Señor nos oculta muchas cosas porque quiere que esperemos en Él con paciencia y continuemos confiando en sus buenos propósitos, en su poder y en su sabiduría.
Cuestionar humildemente a Dios sobre ciertos asuntos que no entendemos no es malo en sí mismo; muchos grandes hombres de elevada estatura espiritual, ante ciertos conflictos que perturbaban sus mentes, preguntaron con mucha sumisión al Señor con relación a eso que les inquietaba. Tal fue el caso del profeta Habacuc, que frente a las constantes injusticias cometidas contra los indefensos pobres de su nación, entra en un santo debate con Dios sobre la suerte de aquellos, y cuestiona la “aparente indiferencia de Dios” ante tanta maldad: “¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia”. (Hab 1:2-4).
Lo mismo sucedió con el salmista Asaf en el Salmo 73, cuando perplejo ante la prosperidad de los impíos en contraste con la amarga situación aflictiva por la que estaba atravesando, por poco desfallece en la fe, y como él mismo confiesa: “En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos” (Sal 73:2-3). Pero Dios siempre tiene una respuesta adecuada y satisfactoria a todos nuestros conflictos internos, no importa cuáles estos sean. Me encanta la respuesta del Señor para su siervo Asaf; Dios le muestra que toda la prosperidad del impío es aparente, temporal e incierta, y que los impíos “están puestos en deslizaderos”, es decir, que su destino es ir cuesta abajo todo el tiempo, como en un tobogán, hasta caer en total asolamiento sin esperanza alguna (Sal 73:18).
En la perla de hoy, el profeta Jeremías reproduce la experiencia de Asaf al cuestionar a Dios sobre el progreso de los impíos: “Justo eres tú, oh Jehová, para que yo dispute contigo; sin embargo, alegaré mi causa ante ti. ¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente? (Jer 12:1). Noten cómo Jeremías, a pesar de que no lo entendía todo, confiaba plenamente en que Dios es justo, y que todo lo que Él hace o permite, está de acuerdo a su carácter santo y bueno; sin embargo, Jeremías no sufre su conflicto solo, y lo expone abiertamente a Dios cuando dice: “alegaré mi causa ante ti”. Y el profeta aborda el viejo dilema de la prosperidad del malo frente al sufrimiento del bueno. Amados hermanos, esa pregunta yo me la he hecho, y puede que ustedes también; pero la Biblia nos da una respuesta clara a esto, y es que al final los malos lo perderán todo y será castigados; y los buenos lo heredarán todo, y serán reivindicados y coronados con la misma gloria de Dios y del Cordero. Así que, vale la pena seguir hacia adelante, porque aunque ahora somos los Lázaros en este tiempo y ellos son los ricos de la parábola, al final los papeles se invertirán. Ellos serán atormentados aquí y nosotros consolados allá. Amén.
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Cristianismo Conforme a las Escrituras












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