“Dios no ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados”. Salmos 103:10
¡Qué perverso y engañoso es el corazón humano!, aun el corazón de los creyentes, de aquellos que han nacido de nuevo y regenerados por medio de su Espíritu, si se descuidan un momento y no están bien alertas de los movimientos tácticos del corazón, con relativa facilidad podría causarles un desastre espiritual. El pecado está tan arraigado en nuestra naturaleza humana que el profeta Jeremías lo describe de la siguiente manera: “El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares” (Jer 17:1). Noten cómo el pecado se ha enquistado y echado raíces en los rincones más recónditos de nuestra personalidad.
Es por eso que aun muchos grandes hombres de Dios, en un momento de descuido y debilidad fueron arrastrados por la corriente pecaminosa de sus corazones; basta con dar un vistazo a los grandes personajes de la Biblia para que veamos el poder contaminante del pecado: Abraham mintió; David cometió adulterio y asesinato; Jacob hizo trampas; Pedro negó a Cristo tres veces; María murmuró contra Moisés; Tomás dudó; Saulo perseguía a los cristianos; Moisés se airó y quebró las tablas de la ley; Isaac, al igual que su padre, mintió con relación a su esposa; Sara se rió de la promesa del ángel; Noé se embriagó; Elías de deprimió hasta desear morir; Jonás fue desobediente al llamado de Dios y Martha., ante la tumba de Lázaro, dudó del poder de Cristo; solo para hacer mención de algunos.
Amados, debemos ser siempre agradecidos por la gracia y la paciencia que Dios muestra hacia cada uno de nosotros. Como bien dice la perla de hoy: “Dios no ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados”.¡Ojalá que nunca haga tal cosa! ¿Imagínate por un segundo qué sería de nosotros si Dios nos pasara factura por cada pecado cometido? De seguro acumularíamos una deuda infinita e impagable contra el Creador. Cada día le fallamos de una manera u otra: ya sea en palabras, pensamientos, actitudes, acciones o en intenciones.
Pecamos contra Dios al hacernos los indiferentes frente a las necesidades de otros. Pecamos contra Dios al no compartir el Evangelio con otros, cuando en verdad tuvimos el tiempo y la oportunidad. Pecamos contra Dios al retener el dinero del diezmo que le corresponde a Él; o cuando permitimos que pensamientos inadecuados invadan nuestras mentes, o al desear cosas que están taxativamente prohibidas en la Palabra; en fin, tenemos mil maneras de violentar la voluntad de Dios cada día, en cada momento y a cada segundo. Es por eso que ningún creyente puede levantarse y hablar a boca llena de su santidad personal, porque todos, absolutamente todos sabemos en la intimidad de nuestros corazones cuán grande lucha libramos contra la maldad existente y la corrupción residual que nos arropa. Más bien, debemos confiar siempre en la gracia y la misericordia de Dios que pasan por alto nuestros pecados, y nos limpian de toda maldad por medio de la sangre de Cristo. Recordemos el pensamiento de hoy: Dios no nos ha pagado conforme a nuestros pecados, sino conforme a la justicia perfecta mostrada en Cristo para nuestra justificación y redención. Amén.
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— © Reynaldo Perez
Cristianismo Conforme a las Escrituras












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