El inconveniente de Jesús era que sus oyentes lo entendían a su manera, pero los ciudadanos de Roma tampoco estaban exentos de aplicar malos conceptos en sus vidas.
En contraste con esto, Jesús fue más allá de las nacionalidades, fronteras y estatus sociales. En la oración modelo, encontramos estas dos peticiones: “…Venga tu Reino; hágase tu voluntad así en la Tierra como en el Cielo…” Mateo 6:10; Lucas 11:2
Resulta que Jesús entendía el Reino de Dios como el cumplimiento en la Tierra de la voluntad de Dios que a su vez se hace perfectamente como en el Cielo. Precisamente por eso sería un Reino basado en el amor y la conformidad del hombre con respecto al Plan Divino, y no en el poder político, nacionalidad o el éxito social. Para lograrlo, los humanos necesitamos el Espíritu de Cristo. El poder del Espíritu les había hecho testigos de Cristo luego de Pentecostés, y por esa razón Pablo no se avergonzaba del Evangelio y añadía era consecuencia del Poder de Dios para la Salvación de los pecadores. Pablo se presentó ante los Romanos investido por el Espíritu, motivación crucial y suficiente para ser un genuino testigo de Jesús. Ahora bien hermanos ¿Confiando en qué, hubiésemos ido tu y yo a Roma a predicar de Jesús? ¿Cómo es un testigo de Cristo bajo el poder del Espíritu Santo?
Un testigo es alguien que proclama la verdad del Evangelio con la convicción de la verdad. “…Porque os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no siguiendo fábulas artificiosas, sino porque fuimos testigos oculares de su majestad. Porque al recibir de parte de Dios Padre honra y gloria, desde la grandiosa gloria le fue dirigida una voz: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” Y nosotros oímos esta voz dirigida desde el cielo cuando estábamos con él en el monte santo. También tenemos la palabra profética que es aun más firme…” 2 Pedro 1:16-19 Un testigo verdadero no lo es sólo de palabra, sino en toda su vida y testimonio. “…Tanto es nuestro cariño para vosotros que nos parecía bien entregarles no sólo el evangelio de Dios sino también nuestras propias vidas, porque habéis llegado a sernos muy amados.Porque os acordáis, hermanos, de nuestro arduo trabajo y fatiga; que trabajando de día y de noche para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios. Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente actuamos entre vosotros los creyentes…” 1 Tes 2:8-10 Un testigo tiene que estar dispuesto a ser un mártir. Ser testigo conlleva ser fiel a la verdad cueste lo que cueste. “…Porque no nos ha dado Dios un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, prisionero suyo. Más bien, sé partícipe conmigo de los sufrimientos por el evangelio, según el poder de Dios…” 2 Tm 1:7-8 La común y gran necesidad del ser humano será siempre de Dios y su relación con Él. Oro a Dios para que seas un fiel Testigo de lo que has visto y oído acerca de Él y su Obra. Confía y aferrate a su Espíritu y predica el Evangelio sin importar cuanto cueste hacerlo. Dios te bendiga
MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA












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