Elige la Verdad
Día 3
Verso: Salmo 119:68
Desafío: Creo que Dios es bueno y que Él es bueno conmigo.
No es algo que pudiéramos decir en voz alta, pero me he sentado muchas veces en una mesa llena de personas quejumbrosas (y he sido muchas veces esa persona quejosa muchas veces) para saber que en el fondo todas tenemos una percepción: la idea de que Dios no es realmente bueno… O al menos nos preguntamos: ¿Será Dios bueno conmigo?
Es una mentira que hemos estado creyendo desde el Jardín del Edén.
Las consecuencias siempre han sido devastadoras. Sin la firme convicción de que Dios es bueno, nuestros corazones naufragan fácilmente, arrojados contra las rocas por las tormentas de la vida.
Pero los sentimientos no son hechos. Nuestro temor de que Dios no sea bueno o que no sea bueno para con nosotras no cambia Su naturaleza. Al igual que el salmista, podemos optar por declarar, «Bueno eres tú, y bienhechor” (119: 68). Esa convicción es un ancla que nos sostiene en todas las tormentas.
Observemos que la confianza del salmista en la bondad de Dios estaba ligada a su deseo de conocer la Palabra. ¡Y no es de extrañar! Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, la Biblia es la historia de la bondad de Dios y de Su gracia escandalosa.
Mientras más lo buscamos a través de Su Palabra, se van desvaneciendo nuestra equivocada percepción de nuestra realidad. Dios es bueno y hace el bien. Esta es el ancla que nos sostiene.
Reflexiona y responde:
- Específicamente ¿Cómo has visto la bondad de Dios en tu propia vida? Haz una lista de dos o tres ejemplos.
- ¿Cómo cambia tu respuesta ante circunstancias difíciles el saber que Dios es bueno y solo hace el bien?
- La comprensión de la bondad de Dios aumenta nuestro apetito por conocer Su Palabra. ¿ Por qué?
Profundiza más:
Mientras meditas en la Verdad de que Dios es bueno, escribe la letra del himno “Estoy bien con mi Dios” como una declaración personal.
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© (Erin Davis) Aviva nuestros corazones












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