“El sufrimiento nos hace humildes”
Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; pero ahora guardo tu palabra. Salmos 119:67
Una verdad que encontramos entretejida entre las páginas de las Sagradas Escrituras es que el sufrimiento nos hace humildes y sensibles a la voz de Dios. Dios se valdrá en ocasiones de diversas circunstancias como el instrumento de corrección para redireccionarnos por el sendero de santidad y justicia que Él ha trazado para sus hijos verdaderos. Esa parece ser la experiencia del salmista en la perla de hoy: “Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; pero ahora guardo tu Palabra”. ¿Cuántas veces la prosperidad material y éxito personal nos hacen perder de vista las metas espirituales que en Cristo Jesús nos han sido establecidas? ¿Con cuánta frecuencia los afanes y los goces de este siglo nos hacen olvidar el supremo galardón que se ha sido prometido a aquellos que son vencedores por medio de la fe?
Es por eso que Dios, como un padre amoroso, nos somete a medidas disciplinarias; y la única razón por la que Él nos disciplina es porque nos ama, como dice Hebreos 12:7, ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?, la falta de disciplina se entiende como una falta de amor, porque todo el que ama, corrige y disciplina. Y aunque “ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza, pero después de fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Heb 12:11). Fueron los momentos de angustias que vivió Jacob los que le llevaron en Peniel a encontrarse verdaderamente con Dios. Jacob se creía autosuficiente y dependiente en sí mismo, hasta que Dios le quitó a Jacob todos los soportes sobre los cuales él se apoyaba, y hubo un momento en que se quedó completamente solo, indefenso, temeroso e impotente, y fue cuando entonces tuvo aferrarse a Dios como su única esperanza, para poder abrirse paso en su mal transitar por la vida.
Amado hermano, ¿cuántas veces nosotros, como el salmista, nos hallamos descarriados, lejos de la voluntad de Dios? ¿Y cuántas veces ha sido la marca del dolor el medio usado por Dios para traernos de nuevo bajo el refugio de sus alas? Es en el proceso de nuestra humillación que entendemos cuánto nos hemos distanciado de Él, y es cuando comprendemos que separados de Él, nada somos y nada podemos. Dios se valdrá de lo que sea necesario para regresarnos al redil; como ovejas inquietas que somos, fácilmente nos extraviamos y nos desorientamos en nuestros pensamientos, mas Él, como el buen pastor, hará uso de la vara y del cayado para restaurarnos e infundirnos aliento espiritual; para devolvernos, cual hijo pródigo, a los tiernos brazos de nuestro Padre Amante, por amor de su nombre, y por su gracia inalterable.
Pero seamos sabios y no necios; no esperemos a que Dios use de la vara de la corrección para encarrilarnos por el camino de bien que desea para nosotros. Si estamos viendo que nos hemos ido deslizando poco a poco de su gracia, como un barco a la deriva, mirémonos en el espejo del salmista en la perla de hoy, y en vez de esperar que nos caiga la mano de Dios para comenzar a guardar su Palabra, mejor vengamos a Él, ahora que hay tiempo, en humillación y arrepentimiento, sabiendo que “si alguno ha pecado, abogado tenemos para con Dios el Padre, a Jesucristo el Justo” (1ra. Juan 2:1). Recordemos que “El que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Luc 18:14). ¿Cuál es tu elección? ¿Esperarás que Dios te humille, como lo hizo con el salmista?, ¿o prefieres venir por ti mismo, reconociendo que “al corazón contrito y humillado, Dios nunca despreciará?” (Sal 51:17). ¡Amén!
— © Reynaldo Perez
Cristianismo Conforme a las Escrituras












Deja una respuesta