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“El costo de seguir a Cristo”

“El costo de seguir a Cristo” 

Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Juan 15:19

 

La vida de los creyentes no siempre es un jardín de rosas, como muchos proclaman por ahí. Hay personas que creen que venir a Cristo significa que todos tus problemas, de forma automática, van a desaparecer. Cuando en realidad, muchas veces sucede exactamente lo contrario, que venir a Cristo implica que nuestra cuota de dolor y sufrimiento se incrementa. Cuando vemos la forma en que Cristo define el peregrinaje de un creyente en Mat 10:16 es como para pensarlo dos veces ante de seguirlo. Dice Él, “He aquí, os envío como ovejas en medio de lobos”. Imagínense una indefensa ovejita caminando entre dos filas de lobos hambrientos, una a cada lado, eso es como ponerse a temblar. Lo que Cristo está ilustrando con estas palabras es el conflicto permanente que existirá siempre entre los que aman a Dios y los que aman el mundo.

Nunca habrá convivencia pacífica entre el mundo y los cristianos en un sentido espiritual. De la misma manera como no puede haber convivencia pacífica entre los lobos y las ovejas, por ser ambos de naturaleza diferente. El lobo es un depredador, un animal feroz y violento por instinto; la oveja es una animal manso, dócil y apacible, por tanto, no podemos sentar a una oveja delante de un lobo sin que éste no intente comérsela, ni podemos sentar a un lobo para enseñarle los diez mandamientos y el amor al prójimo, porque tan pronto terminemos de hablar, el lobo saltará y devorará a la oveja. El problema está en que es un conflicto de naturaleza, y para que un lobo ame a una oveja tendríamos que “ovejizar” al lobo, lo cual es imposible

Eso es lo que nos enseña Cristo en la perla de hoy con relación a la hostilidad natural que el mundo muestra hacia los cristianos. Noten las palabras exactas de Jesús en Juan 15:19, “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”. El problema es que el mundo ama a los suyos, pero como nosotros hemos sido llamados por Cristo y apartados para servirle, ya no pertenecemos al mundo, y por eso el mundo nos odia, de la misma manera como despreció a su Salvador que vino a morir por ellos.

Cuando Pilato puso a escoger a  aquella multitud entre Jesús y Barrabás, no obstante todo el bien que Jesús había hecho; no importando todas las palabras de gracia que brotaron de sus labios, ni la vida perfecta de santidad que Jesús había vivido ante Dios, ellos prefirieron al ladrón, homicida y sedicioso Barrabás en lugar de Cristo. El justo por los injustos para llevarnos a Dios (1 Pd 3:18); ahora bien, ¿por qué escogieron aquellas personas al perverso Barrabás por encima de Cristo para que fuese crucificado? La respuesta es bien sencilla: por el aborrecimiento visceral que el mundo le tiene a Cristo, a su Evangelio y a los creyentes.

Eso es algo natural en el pecador; no es algo que ellos aprenden, eso es algo que viene ya escrito en sus genes, porque han heredado la naturaleza caída de Adán. Hermanos, si el mundo nos aplaude y nos recibe, en cuanto a nuestras costumbres y nuevo estándar de vida significa que algo no está caminando bien, porque la respuesta natural del mundo para el creyente es aborrecimiento, de la misma manera como aborreció a Cristo para que se cumplieran las Escrituras: “Sin causa me aborrecieron” (Jn 15:25). Amén

 

©  Reynaldo Perez

Cristianismo Conforme a las Escrituras

 

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