“El carácter de Dios”
“Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían”. Nahum 1:7
Tres cosas nos recuerda la perla de hoy sobre el carácter de Dios, para que sigamos confiando y descansando en Él; primero, que nuestro Dios es bueno, en esencia bueno; la bondad de nuestro Señor no depende de las circunstancias que nos rodean; porque Él está muy por encima de ellas; Él se define a sí mismo como el Dios de lo imposible (Lc 1:37). Cuando Dios le hizo la promesa a Abraham que para el año siguiente iba a tener un hijo, a pesar de que a la sazón el anciano patriarca contaba con 99 años y su mujer 90, además era estéril e imposibilitada biológicamente para concebir; ante tal imposibilidad, dicen las Escrituras que Sara no pudo contener la risa (Gn 18:12), y fue en ese contexto cuando el ángel corrigió amorosamente a Sara, haciéndole la maravillosa pregunta retórica: ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? (Gn 18:14).
Así que, su bondad no depende de las circunstancias, pero tampoco depende de su estado de ánimo; Dios no es como nosotros, los seres humanos: temperamentales; dependemos mucho de qué lado de la cama nos hayamos levantado para que nuestra bondad se haga presente; necesitamos que el día anterior nos haya ido bien, que no tengamos muchas deudas que pagar, o que nos encontremos en perfecto estado de salud; de lo contrario, somos mezquinos, egoístas, poco desprendidos y faltos de misericordia. Nuestro Dios no es así; su bondad se basa en su carácter inmutable, y como en Él no hay mudanza alguna ni sombra de variación (Stg 1:17), su bondad para con nosotros es continua, segura, abundante y permanente, sin que nada ni nadie puede alterar, afectar o disminuir el curso de la misma a favor de su especial tesoro: el pueblo redimido por su sangre.
De la misma manera, Dios no es tan solo pura bondad como declara el texto, Él es, en segundo lugar, fortaleza en el día de la angustia. Qué bueno es hallar un refugio seguro frente a la inminencia de un desastre natural. Eso es Dios para su pueblo, Él es como una fortaleza inexpugnable, impenetrable, sólida e invencible en el día de la angustia. Podríamos ver cómo las altas y firmes montañas se deshacen como cera delante de nuestros ojos, aún así, nos enseña el salmista, no es motivo suficiente para temer: “Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; Aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza» (Sal 46:2-3). Aunque las alfombras sean retiradas debajo de nuestros pies, Dios nos dará alas cual ave para que volemos al monte alto (Ap 12:14).
Pero nuestro Dios no es solo la bondad en grado sumo o un fiel refugio en tiempo de aflicción; en tercer lugar, lo más hermoso de la perla de hoy es lo que declara el profeta Nahum al final: “…Y conoce a todos los que en Él confían”. Así como a una mamá gallina le pueden mezclar sus polluelos con otros de otra mamá gallina, aún así ella sabe exactamente cuáles son los suyos propios sin confundirse. Todos aquellos que han venido a refugiarse por la fe bajo las alas del Altísimo, son conocidos a plenitud por Él, como conoce la gallina a sus polluelos. Cristo dijo en Jn 10,14: ” Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen”, y luego añade: “… y a sus ovejas llama por nombre…”. Amados, si Dios, refiriéndose a la estrellas, que son objetos inanimados y sin vida, y con las que Él no tiene un relación personal, conoce el número exacto de ellas, y a todas llama por sus nombres (Sal 147:4), ¿cuánto más no conocerá, de forma íntima y personal, a cada uno de sus hijos, por quienes envió al Salvador para que derramara su vida por ellos en la cruz del Calvario? Por eso dice Pablo en 2 Ti 2,19: “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo”. Amén
— © Reynaldo Perez
Cristianismo Conforme a las Escrituras












Deja una respuesta