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“¿Dónde está Dios?”

¿Por qué han de decir las gentes: ¿Dónde está ahora su Dios? Salmos 115:2

Si hay una pregunta recurrente que en tiempo de catástrofes los impíos suelen estrujarle en la cara a los creyentes es: ¿dónde está ahora su Dios? Es como si ellos pensaran que en tiempos de desastre nacional nuestro Dios esconde el rostro para no dar el frente a la situación, ya sea por vergüenza, ya sea por temor o quizás por impotencia. Pero no hay nada más lejos de la verdad que ese pensamiento irreverente y blasfemo, porque en el mismo salmo 115:3 se declara, que si hay un momento en que nuestro Dios está revestido de toda autoridad y poder es precisamente en el contexto de esas ruinas calamitosas: “Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho” (Sal 115:3).

La verdad declarada en el versículo (3) es que Dios siempre ha estado ahí: en el cieloel lugar de su morada; Él no ha mudado su trono, ni ha declinado a su gobierno o ha rehuido su responsabilidad; Él siempre ha estado ahí, en el mismo lugar en las buenas o en las malas; sólo que cuando soplan vientos favorables nadie se acuerda de Él; nuestro Dios está tan presente en los tiempos de devastación y caos como lo está cuando disfrutamos tiempos de paz, prosperidad y de bonanza económica, política y social. La gente comete un grave error e injusticia al culpar a Dios de todas las desgracias que día tras día ocurren en el mundo. Amados, para que tengamos una correcta perspectiva bíblica sobre el sufrimiento global, tenemos que considerar al menos 3 cosas:

Primero: aunque Dios es, en sentido absoluto, el Creador, Amo y Señor de este mundo, no olvidemos que este mundo entero está ahora bajo la influencia del maligno (1 Jn 5:19). Cuando Adán pecó en Edén, transfirió un poder legal al maligno para que este fuera ahora el gobernador y administrador de lo creado, de modo tal, que todo está diseñado para responder a los designios de Satanás; aunque Dios siguió siendo el Rey del universo, el diablo pasó a ser el príncipe de este mundo (Jn 16:11), el príncipe de la potestad del aire (Ef 2:2), y el dios de este siglo (2 Co 4:4). Por tanto, detrás de muchas de las desdichas de este mundo, se esconde la mano invisible de Satanás y no precisamente la de Dios.

Segundo: el pecado del hombre trae juicios y consecuencias; muchos de los males que afectan al hombre no son más que el producto natural de sus maldades, vicios, egoísmos, ambiciones, blasfemias y pecados. Dios estableció como una ley inexorable en Nm 32,23: “… vuestros pecados os alcanzarán”, y luego declara: “Y vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te perseguirán, y te alcanzarán hasta que perezcas; por cuanto no habrás atendido a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos, que él te mandó” (Dt 28:45).

Tercero: Dios permite muchas veces el sufrimiento para traer al hombre pecador al arrepentimiento y fe, y para mover al creyente a un nivel más elevado de dependencia, comunión, experiencia y conocimiento de Dios. Pero sea que la catástrofe venga de parte del maligno o sea enviada por el mismo Dios como castigo o disciplina para los hombres, podemos descansar seguros que Dios está en perfecto control, sabiendo que nada ocurre sin el expreso consentimiento de su voluntad. Amén.

— ©  Reynaldo Perez

Cristianismo Conforme a las Escrituras

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