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Dios rompe el silencio!!!

 “…Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros…”

                                                                      Juan 1:14

Por mucha afinidad que una mascota tenga con su dueño, por mucho que entienda algunos de sus gestos o expresiones, por muy inteligente que esta sea, le resulta prácticamente imposible entenderlo. De la misma manera le sucede al hombre con Dios. El hombre no entendía a Dios mediante la creación ni mediante un complicado sistema de sacrificios, por lo que Dios se expresó en la forma que podíamos entenderlo: se hizo uno de nosotros.

El evangelio de Juan nos provee de la nomenclatura más sugestiva de todo el Nuevo Testamento acerca de la persona de Jesús. En primer lugar identifica al Verbo o Palabra con el mismo Dios. Dice que estaba con Dios dándole un sentido de eternidad, pero además era Dios (1:1). Lo identifica con la poderosa Palabra viviente que dio vida a todas las cosas (1:3). Dice que Él es el Camino, la Verdad y la Vida (14.6) presentándole como el único camino al Padre. Él es la luz del mundo (1:9, 8:12). Él es el pan de vida (6:35). Él es la resurrección y la vida (11:25). Él es el buen Pastor (10:11). Él es el que trajo la gracia y la verdad (1: 17) y definitivamente es el que ha dado a conocer al Padre (1:18). La conjunción Dios-hombre en la persona de Jesucristo, es el misterio de los siglos revelado en este evangelio como en ningún otro libro en el mundo.

Este evangelio es también depositario de la declaración más trascendental que se haya dicho jamás. Juan la pone en los labios de Jesús. “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”(3:16). 

El amor de Dios es intensivo, dio a su Hijo; es extensivo, para todo el que cree. Realmente es asombroso el amor de un Ser perfecto por un mundo rebelde y pecador. Tan profundamente arraigado está el pecado en el mundo, que solo el sacrificio del Hijo de Dios puede removerlo. Y precisamente eso fue lo que Dios hizo. Cristo vino a morir por los pecadores y de esa manera salvarlos. En la cruz del Calvario colgaron al vicario de su pueblo, y es como un monumento eterno del amor y la gracia divina y de nuestra propia incapacidad y miseria.

Toda pretensión humana de alcanzar el favor divino al margen del Unigénito Hijo es ajena a la Escritura y de hecho esta la condena. Nadie viene al Padre sino por Mí” (14:6) esta es una declaración lapidaria de cualquier intento de auto justificación. En su primera venida el Padre no envió al Hijo para condenación sino para salvación (3:17). La condenación ya estaba decretada. El que cree en Él no es condenado, pero el que no cree, ya ha sido condenado (3:18).

De manera que, estimado lector, si estás en Cristo tu corazón debe llenarse de alabanza y gratitud por la obra redentora del Verbo hecha a tu favor; pero si no estás en Cristo corre hacia Él en arrepentimiento y fe porque “el que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre el” (3:36).

MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA

 

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