“Dios es soberano”
Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos. Salmos 135:6
Una de las doctrinas más descuidadas en nuestra teología cristiana es la doctrina de “La Soberanía de Dios”. Creo que, a través de las edades, no ha sido suficientemente enfatizado este atributo divino, inmanente y necesario en Dios; si nosotros como pueblo suyo pudiésemos entender en toda su plenitud, o quizás en parte, esta facultad esencial de la Deidad, de seguro que hallaríamos en ella una fuente inagotable de consuelo y reposo, que nos permitiría descansar más en Dios, y menos en nosotros mismos. Es una pena que una doctrina tan fundamental, establecida en las Escrituras como una llave interpretativa que abre todas las puertas del misterio de los propósitos divinos, sea tan poco entendida y tan tristemente descuidada.
Nuestro texto de hoy nos revela la fascinante realidad de la soberanía de Dios, al declarar en forma escueta y concisa: “Todo lo que Jehová quiere, lo hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos”. Hay cuatro cosas que nos enseña este texto: primero, nos declara el derecho natural que Dios tiene de gobernar el universo que Él creó, en la forma que a Él le plazca (y eso es precisamente su “Soberanía”). Dios siempre hace lo que quiere, cuando quiere y cómo Él quiere; y no existe nada ni nadie que pueda estorbar sus planes. Cuando faraón se endureció contra Dios para no dejar ir a su pueblo Israel, Dios usó esa misma dureza para el cumplimiento de su santo propósito y para la gloria de su nombre (Rom 9:17).
Cuando Pilato, Herodes, Judas y los líderes de Israel entraron en contubernio para crucificar al Hijo de Dios, lo que ellos ignoraban era que Dios, en su soberanía, estaba valiéndose de sus maldades para llevar a feliz término sus planes redentivos, sin que esto anulara la responsabilidad humana por sus acciones, ni mucho menos invalidara la soberanía divina en la consecución de sus propósitos salvíficos. Dios es soberano a la vez que el hombre es responsable. En esto hay un misterio que no podemos explicar, pero eso es lo que la Biblia enseña. Lo segundo que nos enseña el texto es que la soberanía de Dios abarca cada rincón del universo. “Él hace lo que quiere, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.” Cuando Lucifer y sus ángeles se rebelaron contra Dios en el mismo cielo, fueron expulsados sin ninguna posibilidad de redención (Ap 12:9). Cuando Jonás, por desobediente, fue lanzado al mar, Dios preparó un gran pez que se lo tragara durante tres días, y fue transportado gratuitamente hasta las mismas playas de Nínive (Jon 1:17). Cuando Nabucodonosor se creyó amo y señor de la tierra, Dios lo puso a comer la hierba del campo por siete años hasta que su razón le fue devuelta y pudo entender y confesar que «todas las obras del Señor son verdaderas, y sus caminos justos; y Él humilla a los que andan con soberbia» (Dan 4:37).
Lo tercero que aprendemos es que la soberanía de Dios se extiende sobre todo lo creado. No sólo sobre una parte de ella, sino sobre todo lo creado. No cae un pajarillo a tierra sin el permiso del Padre (Mt 10:29); “vuestros cabellos están todos contados” (Mt 10:30). En Sal 147:4 se nos dice: “El cuenta el número de la estrellas; a todas ellas llama por sus nombres”. Y aun los eventos que parecen casuales, accidentales y fortuitos, todos están bajo el control soberano de Dios. Pr 16:33 dice: “La suerte se echa en el regazo; mas de Jehová es la decisión de ella”. Cuando aquel soldado moribundo arrojó una flecha a la ventura que hirió mortalmente de rey Acab por entre las junturas de la armadura (2 R 22:34), aun esa flecha perdida, aparentemente lanzada al azar, fue dirigida por la mano soberana de Dios para que alcanzara a Acab en su tobillo. Y en cuarto lugar, lo más reconfortante de toda esta realidad es que la soberanía de Dios es ejercida con gracia para el beneficio, sostén, cuidado, protección, esperanza y consolación de su pueblo amado. ¡Gloria a nuestro Dios porque sólo Él es el soberano! Amén.
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Cristianismo Conforme a las Escrituras












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