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“Cuidado con nuestras peticiones”

“Cuidado con nuestras peticiones” 

 

Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero.  Génesis 30:1

 

Raquel es un ejemplo bíblico de lo que nos sucede cuando queremos forzar las cosas sin buscar la dirección de Dios o esperar en Él. Muchas veces ante nuestra insistencia, Dios complace nuestros caprichos sólo para enseñarnos que no siempre el deseo de nuestras almas es lo mejor o está de acuerdo a sus planes y propósitos. Debemos esperar en Dios en toda circunstancia, porque cuando intentamos torcerle el brazo al Señor, forzándolo para que haga nuestra voluntad y no la suya, las consecuencias negativas para nuestras vidas no se hacen esperar, y sufrimos el amargo dolor de haber puesto en dudas su sabiduría y su buena voluntad.

Eso pasó con Raquel, viendo que era estéril y que Lea daba hijos a Jacob -su hermana a quien su padre Labán había entregado a Jacob bajo la excusa que no era costumbre entregar a la menor antes que a la mayor (Gn 29:16-27)-, en vez de esperar en Dios y dejar el futuro en sus santas manos, comenzó a desesperarse y a llenarse de envidia contra su hermana Lea, y puso a Jacob entre la espada y la pared diciéndole: “Dame hijos, o si no, me muero”; por lo cual Jacob reaccionó con enojo, y reprendiéndola dijo: “¿Soy yo acaso Dios, que te impidió el fruto de tu vientre?” (Gn 30:2). Así que Raquel, al igual que Sara, la esposa de Abraham, quiso darle una ayudadita a Dios y recomienda: a Jacob su esposo que se allegara a su sierva Bilha para que tuviera hijos; pero la solución fue más traumática que el mismo problema.

Lo que Raquel no tomó en consideración era que Dios tenía sus planes para con ella, sólo que aún no había llegado el tiempo; pero venida la oportunidad “se acordó Dios de Raquel, y la oyó Dios, y le concedió hijos. Y concibió, y dio a luz un hijo, y dijo: Dios ha quitado mi afrenta; y llamó su nombre José, diciendo: Añádame Jehová otro hijo” (Gn 30:22-24). Noten cómo la falta de fe y confianza en Dios condujo a esta pareja: Raquel y Jacob, a cometer errores tras errores; ya Dios los había bendecido con su hijo José, quitando de esa forma la afrenta de su esterilidad; además, en su propósito divino, Dios quería engrandecerlo sobre todos sus hermanos, como un eslabón importante en el desarrollo de sus planes redentivos; sin embargo, en su ambición, egoísmo y falta de visión espiritual, Raquel se empecinó en tener más hijos, como una forma de competir contra Lea para tratar de humillarla.

Y fue en ese contexto cuando la bendición se tornó en maldición. Pues, estando Raquel a punto de dar a luz nuevamente hubo complicaciones en su parto, y aunque las parteras hicieron hasta lo imposible para salvar al niño y a la madre, tristemente nos dicen las Escrituras que Raquel murió en medio del alumbramiento, pues se le salió el alma (Gn 35:16-19). De esta manera, lo que ella deseaba con tanto anhelo fue lo que, en última instancia, provocó su deceso. Si ella hubiera esperado en Dios o se hubiese conformado con aquel único hijo que en un principio el Señor le había concedido, otro hubiese sido el final de su vida. Pero porfió con Dios, luchó en rebeldía contra Él, y queriendo hacer las cosas a su manera, finalizó sus días dando al traste con su vida física y con la vida emocional de su amado esposo Jacob, pues presionó a Dios con algo que no era el propósito original para con ella. Hermanos, aprendamos a esperar en Dios; si esas cosas que tanto anhelamos todavía no nos han llegado es porque aún no es el tiempo, continuemos esperando con paciencia porque Dios sigue en control. “Encomienda a Jehová tu camino, confía en Él; y Él hará” (Sal 37:5). Amén

— ©  Reynaldo Perez

Cristianismo Conforme a las Escrituras

 

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