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“Cuidado con el pecado de la murmuración”

“Cuidado con el pecado de la murmuración”

Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. Santiago 4:11

Hay un pecado espantoso que, aunque sutil, produce un efecto destructivo en aquellos, que de uno u otro lado son arrastrados por este torbellino; y con dolor en el alma tenemos que decir tristemente, que la mayoría de la veces esta epidemia pasa desapercibida entre las personas que profesan ser creyentes, y lo que es peor aún, hemos desarrollado tal grado de insensibilidad que hemos aprendido a convivir con esta calamidad sin inmutarnos; me refiero al terrible mal de la murmuración. Todos nosotros nos escandalizamos ante pecados tan horrendos como el adulterio, el homicidio, el robo, etc., pero quizás pocos cristianos reaccionan ante la plaga devastadora de la murmuración. Si la calumnia mató a sus miles, la murmuración mató a sus diezmiles.

La pluma sagrada de Santiago fue inspirada por el Espíritu Santo para dejarnos una solemne advertencia

que no debemos tener en poco: “Hermanos, no murmuréis los unos de los otros”. Tanto en el AT como en el NT, la Biblia nos aconseja a que abandonemos esta práctica malsana de “comernos los unos a los otros” (Gal 5:15), porque esto es algo que desagrada profundamente a Dios. Cuando María y Aarón, hermanos de Moisés, murmuraron contra éste, la ira de Dios se encendió grandemente contra ellos; Dios no tomó a chiste la acción de ellos, por lo cual María fue castigada con lepra (Num 12:1-10). Cuando el pueblo de Israel murmuró contra Dios en el desierto, nos dicen las Escrituras en 1ra Cor 10:10 que, por causa de este pecado, muchos perecieron por el destructor; y luego añade: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros…” (1ra Cor 10:11). Así que, hay lecciones importantes en las historias bíblicas que debemos aprender para que sean integradas a nuestra vida diaria de piedad.

¿Por qué es la murmuración un pecado tan aborrecible ante los ojos de Dios? Primero, porque la murmuración siempre responde a motivos impuros; casi siempre la murmuración está alimentada por la hipocresía, el celo y la envidia, como sucedió en el caso de Aarón y María. En segundo lugar, porque la murmuración del creyente no obra la justicia de Dios; es muy difícil, por no decir imposible, que un corazón cargado de murmuración pueda ser usado como un canal genuino de bendición para otros, porque no es un vaso limpio de honra por medio del cual Dios puede ser glorificado. En tercer lugar, al murmurar a nuestro hermano, creado a la imagen de Dios, y por quien Cristo murió, nos constituimos en críticos de la obra de santidad y perfección que Dios como buen alfarero, y a través de su Espíritu, está realizando en la vida de esa persona que se encuentra en medio de una agónica lucha espiritual, batallando para ser cada vez más semejante a Cristo.

Y en cuarto lugar, la murmuración es propia de aquellos que no han nacido de nuevo (Rom 1:28-30), por tanto, no se corresponde con el nuevo Espíritu de adopción que hemos recibido, y que Dios ha impartido a cada verdadero creyente por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! (Rom 8:15). Amados, murmurar a nuestros hermanos es murmurar contra Dios mismo (Stg 4:11-12), además de atraer la ira de Dios sobre nuestras cabezas. Pr 16:28 nos dice que hay cierta dosis de malicia en la murmuración: “El hombre perverso levanta contiendas, y el chismoso aparta a los mejores amigos”. Pablo aconseja en Fil 2:14, “Haced todo sin murmuraciones y sin contiendas”. Y en Ef 4:30-31 nos dice: “No contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia y toda malicia”; todas estas actitudes entristecen al Espíritu Santo que mora en nosotros, de quien nosotros somos templos. El chisme, la difamación, la crítica y la murmuración dañan la esencia de una congregación, y contaminan la atmósfera de amor que debe reinar en ese lugar hermoso en el que Dios ha prometido poner su presencia de forma especial. ¡Huyamos de la murmuración! Amén

— – © Reynaldo Perez

Cristianismo Conforme a las Escrituras

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