¨…Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad…¨ 1ra Timoteo 2:1–2
Amados, en incontables ocasiones hemos escuchado predicar acerca de la verticalidad y la horizontalidad del Evangelio expresadas en la cruz. Pero algo que siempre debemos entender para una mejor actuación de la iglesia en la sociedad, es que un cristianismo estrictamente vertical, que sólo mira a Dios no es un cristianismo genuino; y un cristianismo meramente horizontal, que sólo mira al hombre, tampoco es cristianismo. Lo primero es solo
religiosidad vanidosa; y lo segundo, filantropía humana.
Sería incuestionablemente fabuloso que la iglesia cubana percibiera cómo la Palabra de Dios nos enseña a considerar al hombre en su conjunto, como un ser dotado de cuerpo y de alma, pero con un destino que trasciende en la eternidad. Tanto es así, que los profetas del Antiguo Testamento inspirados por el Espíritu de Dios, no tuvieron problemas en unir los dos elementos sin esfuerzo de ningún tipo. En sus mensajes se armonizaban estupendamente la escatología mesiánica y la denuncia de los pecados cometidos en la sociedad de su tiempo. Por ello es que no debemos separar nunca en nuestro cotidiano actuar, el llamamiento a la reconciliación con Dios y el deber de vivir conforme a los principios de su justicia.
Un gran problema hoy en día es que las personas, tanto dentro como fuera de la iglesia, tienen una actitud indiferente hacia la iglesia como institución. Muchos argumentan que, simplemente no funciona. Su falta de interés (según encuesta) es debido a que la gran mayoría nuestra, los que pertenecemos a la religión institucionalizada, hemos sido más hábiles levantando muros que redescubriendo las antiguas formas enteramente relacionales.
Debemos tener en cuenta que Jesús no respondió a la cuestión social desde arriba, sino desde abajo, desde la imperfección y la completa solidaridad con lo débil de este mundo. Este comportamiento de Jesús queda claramente expresado en la carta a los hebreos: Hebreos 4:15 “…Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado…” Es por ello que Jesús se habilitó para la compasión, para sentir lo que sentimos nosotros, y así aliviar el sufrimiento humano. Por eso tenía que parecerse en todo a sus hermanos, pues por haber pasado Él la prueba del dolor, podía auxiliar a los que la estaban pasándola (Heb 2,17-18).
Así vio Jesús que podía responder al problema que nos plantea eso que nosotros llamamos la cuestión social. Sólo pasando por donde pasan los que peor lo pasan en la vida, nos capacitamos para entender, ayudar y vivir conforme a esa realidad.
No renunciemos entonces al privilegio de ser cristianos nacidos en Cuba. Una Cuba con iguales o tal vez mayores retos que muchos países del mundo, donde la necesidad de Cristo es tan idéntica a las de un peruano o un español. ¿Cuántas veces has orado a Dios por los dirigentes de tu pueblo? ¿Cuántas veces fuiste tú o tu iglesia, la solución a algún problema en tu comunidad? Mi iglesia y yo hemos orado durante mucho tiempo por las autoridades cubanas para que, con sabiduría y prudencia puedan guiarnos hacia un futuro cierto. Pablo en varias ocasiones habló acerca del reconocer las autoridades humanas, las cuales han estado en el poder porque el mismísimo Dios así lo ha permitido. Seamos entonces bíblicos en todo el sentido de la palabra y extendamos nuestras oraciones más allá de nuestras propias necesidades y argumentos. No somos el país perfecto, pero tampoco truncan nuestra existencia por creer en nuestro Salvador. Oremos por nuestros gobernantes, si Cuba avanza, la iglesia cubana también podrá hacerlo.
MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA












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