“…Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Más si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros…” Filipenses 1:21-25
Amigos y hermanos, cuando Pablo escribió la carta a los Filipenses, estaba preso y enfrentaba la posibilidad de ser condenado a muerte. Al escribir esta carta dejó ver sus anhelos, deseos y sobre todo, su fe. En el verso 21 tenemos dos términos que han sido de inspiración a muchos: para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Dichos términos muestran
la fibra de la que están hechos los seguidores de Cristo en todas las épocas. En la carta, Pablo no muestra una actitud de resignación, sino una afirmación gozosa de plenitud de vida en Cristo, desde la cual la muerte se aprecia con una perspectiva diferente, como una ganancia, como la entrada en la plenitud de la vida misma.
Para los que no creen en Dios, la vida en la tierra es todo lo que hay, por lo tanto es natural para ellos empeñarse en los valores de este mundo: dinero, popularidad, poder, placer y prestigio. Para Pablo sin embargo, la vida significa desarrollar valores eternos y hablar a otros acerca de Cristo, que es el único que puede ayudarnos a ver la vida desde una perspectiva eterna. Por eso Pablo pudo decir con total confianza que morir sería mejor que vivir, porque además se librarse de las inquietudes del mundo; vería a cara a cara a Cristo. Era muchísimo mejor partir y dejar de ser
víctima de la prisión, la enfermedad, el dolor, la persecución y la injusticia humana. Pero Pablo tenía un propósito para vivir, que era servir a los Filipenses y a los demás, por lo que expresa un tremendo deseo de seguir viviendo una vida útil y fructífera. Si lo dejaban con vida, tenía así una oportunidad, para llevar adelante la obra encomendada de producir frutos para Cristo.
Ante nosotros tenemos la dimensión del esclavo de Cristo; pero una dimensión y una grandeza que no es algo inalcanzable, sino que está dentro de un contexto humano, como algo real.
Mis hermanos, aunque mi deseo es que podamos vivir esta realidad, yo no les voy a decir que sean como Pablo, ya que les estaría invitando a vivir vidas legalistas y moralistas, que a la larga resultarían en frustración. Les estoy invitando a acudir a la fuente de vida, que produjo que este hombre pasara de enemigo a amigo de Dios, que pasara de ser centrado en sí mismo y su religión; a vivir centrado en Cristo y para Él. Porque es solo cuando miramos a la cruz del
calvario y valoramos que la persona castigada, no tuvo pecado sino que cargaba el nuestro, para quitar lo que nos hacía enemigos de Dios, y valoramos que también su vida perfecta ahora es imputada a nosotros, cuando observamos que se despojó y vino para servirnos; es que nuestros corazones son derretidos por este regalo no merecido que nos hace renunciar a nuestro egocentrismo, y vivir en gratitud y para aquel que murió y resucito por nosotros.
El apóstol Pablo motivado e inundado por esta gracia de Dios, luego de haber sido perseguidor de cristianos; ahora muestra que lo máximo en su vida era hablar con denuedo en favor de Cristo, en beneficio de su iglesia. Para el, Cristo era el origen y centro de su vida, la esencia misma su vida, el paradigma o modelo de su vida, el premio o galardón de su fidelidad.
¡Cuán necesitados estamos de una meta que vaya más allá de nuestras necesidades físicas!
Quisiera preguntarte… ¿Cuál es el propósito de tu vida? ¿Qué es Cristo para ti, mi hermano o amigo? ¿Es Cristo una realidad viva en tu vida? ¿Cuál es tu prioridad? ¿Para qué vives? ¿Para obtener fama, poder, diversiones, dinero? ¿Tus anhelos y esfuerzos están
centrados en las cosas secundarias? ¿Puedes decir como Pablo: “Para mí el vivir es Cristo”?
Con todas las vicisitudes que la vida moderna trae para el cristiano genuino, la vida es algo preciosa, cuando puede decir: Para mí el vivir es Cristo.
Mis hermanos, si no estamos listos para morir, tampoco lo estamos para vivir. La vida es digna de ser vivida sólo si la vida de Cristo se realiza en nuestra vida. Que el Señor los bendiga es mi deseo.
MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA












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