“…Vuelve, oh Israel, a Jehová tu Dios; porque por tu pecado has caído. Llevad con vosotros palabra de súplica, y volved a Jehová, y decidle: quita toda iniquidad, y acepta el bien, y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios…” (Os 14:1,2)
La historia de Oseas nos deja asombrados ante tanta misericordia manifestada. La nación de Israel había abandonado a Dios y merecía el castigo de este. La infidelidad de los israelitas era escandalosa, de manera que Dios les advierte a través de la vida y experiencia matrimonial de su siervo. Es esta relación el gráfico ejemplo que Dios usa para mostrar por medio de la esposa de Oseas, Gomer, la fealdad del pecado; y por medio del esposo, en este caso Oseas, el incansable y amplio amor de Dios.
El trato de Oseas con su esposa fue generoso y paciente pero a pesar de ello esta le fue infiel. La relación con lo que tenía lugar en la condición de los Israelitas es evidente. Cuando nos percatamos de la gravedad del actuar de ella, no podemos dejar de ver, en una magnitud infinitamente superior, lo horrendo de la práctica de los Israelitas y por qué no, también de la nuestra.
Cuánta misericordia la de Dios para con aquellos que solo merecían el pago devengado por su pecado, la muerte. Los versos que nos ocupan señalan el misericordioso llamado de Dios a volverse a él. Notemos que el Señor menciona con claridad la causa de la caída, el pecado. También presenta la manera de levantarse victoriosamente, volverse a Dios. Es tan importante este proceder que en estos versos la misma idea se repite en dos ocasiones.
¿Eres consciente de cuánta misericordia recibes día a día?
La exhortación es a volverse a Dios llevando palabras de súplica ya que esto es muestra de un corazón quebrantado y arrepentido. Ninguno de los hombres en toda la historia humana ha estado en la condición de exigir algo de Dios, pues todos hemos caído. Hoy podemos clamar a él, que en su misericordia quite toda iniquidad de nuestra vida y nos lleve al bien, ya que Cristo nos limpia y transforma. Si, solo aquel contra quién hemos pecado, Dios, puede limpiarnos de toda maldad. Volvámonos, pues, a Jesucristo el único camino para alcanzar misericordia yofrezcámosle la ofrenda de nuestros labios al hablar bien de él para su gloria.
MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA












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