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“Al que es digno de toda alabanza”

“Al que es digno de toda alabanza” 

Alaben el nombre de Jehová, porque sólo su nombre es enaltecido. Su gloria es sobre tierra y cielos. Salmos 148:13

 

Uno de los salmos más preciosos que hallamos en todo el salterio, sin lugar a dudas, es el salmo 148. Si usted observa con cuidado el desarrollo del salmo, verá que es una invitación a toda la creación a exaltar el nombre de Dios; con justa razón este salmo ha sido titulado: “Alabanza universal al Dios Creador”, y vamos a tomar la perla de hoy para hacerle un pequeño análisis. El salmo comienza motivando la alabanza en el mismo Tercer Cielo, la morada de Dios: “Alabad a Jehová desde los cielos; alabadle en las alturas” (verso 1).  Luego invita a los ángeles, serafines y querubines, y todo el ejército celestial a que le adoren: “Alabadle, vosotros todos sus ángeles; Alabadle, vosotros todos sus ejércitos” (Verso 2).

 

            En el verso (3), la alabanza se extiende al Segundo Cielo, el dominio de los cuerpos celestes: el sol y luna, y todas sus estrellas, noten que dice: “Alabadle, sol y luna; alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas”. Ya en el verso (4), la invitación baja al Primer Cielo, donde ocurren los fenómenos atmosféricos propios de la Tierra: “Alabadle, cielos de los cielos, y las aguas que están sobre los cielos”. En los vv. (5 y 6), se hace una invitación general a toda la creación: “Alaben el nombre de Jehová; porque él mandó, y fueron creados. Los hizo ser eternamente y para siempre; les puso ley que no será quebrantada”. A partir del verso (7), la alabanza se mueve desde el cielo hacia la tierra para formar una hermosa sinfonía universal; mientras los cielos truenan, descendiendo en alabanza celestial, la tierra se llena de gloria, ascendiendo al unísono en alabanza terrenal.

 

            En el verso (7), la invitación se dirige a los mares y océanos en la tierra (hidrósfera), y a todos los seres maravillosos que los pueblan:”Alabad a Jehová desde la tierra, los monstruos marinos y todos los abismos”; En el vers. (8), se convida a todos los fenómenos que suceden en la atmósfera terrestre en cumplimento de su Palabra a unirse en coro de alabanza: “El fuego y el granizo, la nieve y el vapor, el viento de tempestad que ejecuta su palabra”; El verso (9), abarca todo el conjunto de montañas (orografía) que existe sobre la litósfera de la Tierra, es decir, la parte sólida de nuestro planeta, y todo el reino mineral: “Los montes y todos los collados, el árbol de fruto y todos los cedros”, además de incluir a todo el reino vegetal, sean árboles frutales, madereros, y a toda la vegetación verde de nuestros campos. El verso (10) convoca a todo el reino animal a dar gloria a Dios, ya sean reptiles, cuadrúpedos, mamíferos, aves, etc., “La bestia y todo animal, reptiles y volátiles”.

 

            En el verso (11) pasa del reino vegetal y animal al reino de los seres humanos. Sin importar dignidad, raza, credo, lengua, edad o sexo todos son igualmente invitados a unirse en este concierto universal de alabanza y adoración al Dios Creador. “Los reyes de la tierra y todos los pueblos, los príncipes y todos los jueces de la tierra; No hay distingo de cargo, honor o posición. Tampoco hay diferencia de sexo ni de edad, verso (12): “Los jóvenes y también las doncellas, los ancianos y los niños”; todos son llamados a dar gloria y alabanza al único que las merece, verso (13), ”Alaben el nombre de Jehová, porque sólo su nombre es enaltecido. Su gloria es sobre tierra y cielos”. Y el salmo 148 finaliza motivando al pueblo de Dios a que le adore, moviendo a sus hijos a la contemplación de su gloria, carácter y poder, por todas las cosas buenas que Él ha hecho a favor de ellos, verso (14): “El ha exaltado el poderío de su pueblo; alábenle todos sus santos, los hijos de Israel, el pueblo a él cercano, Aleluya”. Lo que en el AT era para Israel, ahora es para todos los elegidos que conforman la Iglesia que ha sido lavada, salvada y redimida por la gloriosa sangre de su Hijo Jesucristo, a quien pertenece toda gloria, honor, poder e imperio, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

 

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