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Juicio al juez en su tribunal

Es cierto que las apariencias, como testigo, es el mejor candidato para ejercer un «falso testimonio» cuando juzgamos. Podríamos condenar, a pleno análisis, de fracasada e inmadura a una persona que aparentemente realizó una pésima elección de amistades o personas en las que depositó confianza; cuando una de tales le traiciona, incluso si otra le trata como «si te vi, no me acuerdo», o tal vez a los juicios de un grupo de otras personas es hallada «política y escandalosamente incorrecta». Sin olvidarnos de este ejemplo, podríamos incluir otro caso para un juicio. Un segundo ejemplo sería una persona que tuvo gran pérdida material, podríamos citar su negocio, alguno de sus hijos, el apoyo de su mujer y ¿Por qué no? La pérdida de su salud. Sin dudas podríamos decir que eligió erradamente su trabajo, mujer, el momento de tener hijos, etc. Y tal vez tengamos la razón, aún podríamos expresar que «está cosechando lo que sembró». Si conociendo esto les condenamos, temblarían nuestras rodillas si agregamos los datos «en el primer ejemplo, la persona fue crucificada hace dos milenios[1] y su nombre es Jesús» y «en el segundo ejemplo la persona maldijo el día que nació[2]… su nombre era Job». Una información incompleta, como lo es la apariencia, puede llevarnos a un juicio errado de los hechos y las personas. Entre los juicios errados, la murmuración juega un rol importante[3] y la tentación de caer en el mismo error juzgado[4], aún en las oraciones[5] se puede, fatalmente, realizar un juicio errado y desenfocado del propósito de exhortar[6] sin menospreciar o poner tropiezo al hermano[7]. La práctica de un juicio errado equivale al pecado de falso testimonio[8], tiene las consecuencias graves de la injusticia[9], y aún es más grave cuando la persona juzgada es un hermano de la fe[10]. Hablar con ausencia de rectitud, puede llevarnos a ser fuertemente reprendidos por Dios[11] y que dependamos de la oración de esa persona que hemos juzgado[12]. Después de esto, cualquiera pensaríamos dos veces antes de postularnos como jueces a la ligera. ¿Acaso no debemos juzgar? No es ese el enfoque, «Examinadlo todo; retened lo bueno.»[13] ¿Qué significa eso de examinar, si no juzgamos lo que es correcto y lo que está equivocado? Jesús juzgó a los fariseos llamándolos hipócritas; Pedro juzgó a Ananías y Safira como mentirosos[14], y Pablo juzgó a los Gálatas como tontos[15], y se nos manda a no juntarnos con quienes, llamándose hermanos, están en pecados específicos[16].

Evidentemente, la razón está en juzgar con justo juicio[17]. «Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.»[18] «Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.»[19]

Notas y referencias:

1- Juan 19: 17-42; Mateo 27: 32-50; Marcos 15: 21-37; Lucas 23: 26-49.
2- Job 3; Job 10; Job 7: 11- 16.
3- Santiago 4: 11-12.
4- Gálatas 6: 1.
5- Lucas 18: 9-14.
6- Gálatas 6: 1- 3.
7- Romanos 14: 10-13.
8- Éxodo 20: 16; Lucas 18: 20.
9- Mateo 5:19.
10- Mateo 5: 22-24.
11- Job 42: 7.
12- Job 42: 8-9.
13- 1.ª Tesalonicenses 5: 21.
14- Hechos 5: 3-4.
15- Gálatas 3: 1.
16- 1.ª Corintios 5: 9-13.
17- Juan 7: 24.
18- Romanos 14: 19.
19- Filipenses 1: 9-11.

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