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“Una maravillosa promesa”

“Una maravillosa promesa” 

Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma. Jeremías 32:41

 

El texto de hoy nos llena de mucho consuelo, al pensar que Dios ha prometido con juramento santo que Él “se alegrará en hacernos bien de todo corazón y de toda su alma”; y yo pregunto, mis carísimos hermanos: ¿no es esto algo sencillamente maravilloso?

Pensar que desde la eternidad pasada, cuando no había ni cielo ni tierra, sol y luna, planetas y galaxias; serafines y querubines, diablo ni demonios, ya Dios había determinado gozarse con necesitadas criaturas como nosotros, explayándose en amor para mostrarnos toda su merced, tal y como lo expresa el pensamiento de hoy, “y me alegraré con ellos haciéndoles bien”. ¡Qué gran Dios nos gastamos! Definitivamente no hay dios como nuestro Dios. Mientras muchos hombres perversos viven maquinando maldad en sus camas, ansiosos de salir para cometer todo tipo de mal, nuestro Dios se desvive en los cielos por manifestar todo su bien y bondad en favor de su pueblo.

Y esta hermosa promesa de Dios de hacernos bien está firmemente sellada con una garantía doble: Primero, que es Dios mismo quien nos ha afincado por su Palabra en el terreno sólido de su pacto eterno, “los plantaré en esta tierra en verdad”; eso quiere decir, que nuestras raíces no están plantadas en el suelo pantanoso, movedizo e inseguro de nuestra justicia personal, sino en sus promesas firmes e imperecederas. Es Él que, como buen agricultor, nos ha plantado en la Roca Inconmovible de los Siglos, que es Cristo Jesús; Isaías 61:3 lo expresa hermosamente, “y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya”, y otra vez en Isaías 60:21, “Y tu pueblo, todos ellos serán justos, para siempre heredarán la tierra; renuevos de mi plantío, obra de mis manos, para glorificarme”.  Somos plantación de Dios para gloria suya.

Y lo segundo que hallamos en esta promesa, como garantía certísima de que Él nos bendecirá con una herencia inmutable, es que Dios involucra activamente todo su corazón y toda su alma con el santo propósito de impartirnos su gracia. No sé cuántas veces has hecho algo con tanta pasión que tu corazón se ha enamorado y ha quedado cautivado por eso que haces. Bueno, eso es exactamente lo que nos dice la perla de hoy, que Dios se place tanto en esparcir su bondad en favor de su pueblo, que todo su corazón y su alma han quedado prendidos de amor por eso que hace; entendemos, que esto es un lenguaje figurado, que a modo de ventana nos permite ver el interior del corazón de Dios, y percibir cómo Él se deleita grandemente en derramar un bien inmerecido sobre sus tiernas ovejitas que todavía están de este lado del cielo. Amén

 

 

Cristianismo Conforme a las Escrituras

 

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