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Sola gracia y misericordia!!!

18 “…Y entró el rey David y se puso delante de Jehová, y dijo: Señor Jehová, ¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas traído hasta aquí?…” 2da Samuel 7:18

Amados hermanos, Nunca entenderemos a cabalidad el poder vivificador del Evangelio si no tenemos una clara comprensión del estado real del hombre pecador antes de venir a Cristo. Si leemos detenidamente el contexto de la porción escritural que hoy nos compete, podremos palpar cuánta humildad procede de David, ante la grandeza de la obra de Dios evidenciada en su vida. ¿Quién soy yo y mi casa, para que nos hayas traído hasta aquí? ¿Te has hecho sinceramente esa pregunta alguna vez? ¿Qué vio Dios en tí para

incluirte en su Plan?                                    Sin lugar a dudas Pablo nos presenta un diagnóstico preciso de la condición espiritual del hombre natural, es decir, de aquel no ha sido regenerado por el poder del Espíritu Santo (Causa fundamental que hacía a David reflexionar ante Dios). En Efesios, una de las frases usada por Pablo para describir nuestra anterior condición fue: “ESTABAIS MUERTOS”; Pablo no dice que estábamos moribundos, desesperados o en un avanzado estado de gravedad, ¡nooo!, él nos dice que “estábamos muertos en nuestros delitos y pecados”, y es sumamente importante que entendamos eso, porque es sólo en el contexto de ese estado de mortandad que podemos entender la eficacia del Evangelio y obviamente el pensar de David. Puesto que el hombre está “MUERTO”, él necesita algo más que una simple medicina para levantarse; no importa cuántos medicamentos le suministremos a un cadáver, no reaccionará en ninguna manera. Antes de que ese hombre “muerto” pueda tomar la medicina del Evangelio, lo primero que Dios hace es impartirle aliento de vida, y luego que ese pecador “muerto” recibe ese soplo de vida espiritual es entonces cuando es reanimado y despertado para escuchar, responder y recibir a Cristo como Señor y Salvador. Si Dios no opera previamente una obra de regeneración en el pecador, éste será incapaz de entender y percibir las realidades espirituales, y nunca podrá sentirse culpable ni verse a sí mismo como un pecador que ha quebrantado la ley de Dios, y que por tanto merece una sentencia de muerte a causa de sus pecados por parte del Juez Supremo de toda la tierra.                           Así que, hermanos, antes de que el pecador pueda acudir a Cristo y dar el paso de fe como señal de aceptación, necesariamente Dios tiene que haber operado con antelación una obra renovadora en su corazón, para transformar en amor hacia Él, esa indisposición natural y rebelde con la que todo hombre nace en este mundo. No podemos invertir el orden teológico: primero Dios opera y luego el hombre responde; nunca sucede a la inversa, que sea el hombre quien primeramente responda, para que luego Dios, en condescendencia a la actitud del hombre, comience a actuar; ¡nooo!, eso sería anular la soberanía de Dios en la salvación, y hacer que todo este asunto dependa únicamente de la voluntad del hombre. Nunca perdamos de vista que fue Dios quien nos dio vida cuando estábamos MUERTOS en nuestros delitos y pecados; así que la iniciativa de salvación proviene siempre de Dios, tal y como sucedió con Adán y Eva en el huerto del Edén cuando pecaron, por lo que el hombre es en su inicio un agente receptor de su gracia, y luego pasa a ser un agente comunicador de la obra de salvación que Dios ha operado en él. Noten que fue Dios quien abrió el corazón de Lidia para que estuviera atenta al mensaje de Pablo en Hch 16:14. En Hch 18:27 se nos dice que cuando Apolos llegó a Acaya “fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído”. Es imposible venir al conocimiento de Cristo sin la participación activa de la gracia de Dios. En Hch 11:18, los líderes de la iglesia de Jerusalén dijeron: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida! ¿Quién da el arrepentimiento para vida, según este texto? Indudablemente que es Dios y sólo Él. El hombre está muerto en sus pecados, por tanto, él está inhabilitado para ver, oír, percibir y responder a las cosas espirituales; primeramente, Dios tiene que impartirle vida por medio de su Espíritu y su Palabra, para que el hombre pueda comenzar a caminar en fe; eso queda perfectamente ilustrado en la resurrección de Lázaro, cuando Cristo dijo: ¡Lázaro, ven fuera!, ¿qué sucedió teológicamente en esta escena? ¿Obedeció Lázaro primero para ser resucitado? ¿O fue resucitado primero para luego obedecer? La lógica dicta que: primeramente fue resucitado para poder obedecer la voz de Cristo y salir del sepulcro; eso sucede con todo el que está muerto espiritualmente, primero Dios tiene que decirle: ¡Vive! y es entonces cuando el pecador puede levantarse de entre los muertos espirituales y venir a Cristo en arrepentimiento y fe. ¿Quién soy yo y mi casa, para que nos hayas traído hasta aquí? ¿Te has replanteado sinceramente esa pregunta hoy? ¿Qué vio Dios en tí para incluirte en su Plan? Solo su Gracia y Misericordia.

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