“…Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros…” Gál 5:13-15
Hay un profundo anhelo en nuestros corazones por el amor, la hermandad y la comunión entre los seres humanos. Fuimos creados para ello. Todos necesitamos de un hogar, una familia, amigos, relaciones. Sin esto,
nos sentimos incompletos porque nuestro diseño original incluyó el calor humano como una de nuestras necesidades básicas.
¿Cómo explicar entonces que nuestro mundo parezca tener como prioridad la destrucción de las relaciones entre los seres humanos?
Las noticias que recibimos cotidianamente indican que somos los autores de los hechos más impensables que operan en contra de la paz y la unidad entre los hombres.
Resulta paradójico pero destruimos con demasiada facilidad aquellas cosas que necesitamos desesperadamente. No es extraño entonces que la historia esté llena de episodios en los que se han levantado hombres en busca de la solución a este problema. Pensadores, movimientos, toda una gama de esfuerzos por cambiar una realidad que nos deteriora cada día. Pero no parece que haya mucho avance ¿Por qué? ¿Se puede definir la causa de este problema? Sí, La Biblia nos ofrece la respuesta: ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? (Stg 4.1)
El problema está dentro de nosotros. Cualquier intento que se haga por resolverlo quedará condenado al fracaso a menos que se modifique la causa. El camino no está en tratar de transformar la sociedad sino en que el hombre sea transformado. ¿Cómo puede hacerse esto? Existe una sola manera: El evangelio de Jesucristo.
Se necesita un nuevo hombre, un nuevo corazón, una nueva creación.
¿Existe alguna comunidad con posibilidades de vivir de forma diferente? ¡Existe! ¡La Iglesia de Jesucristo!
Nunca dejará de ser un reto, pero somos la única comunidad en la tierra que puede mostrar una vida diferente.
Hemos sido bendecidos con la presencia de Dios, y por tanto, tenemos una responsabilidad irrevocable de vivir conforme al llamado que hemos recibido. Amar, bendecir, reparar, sanar, construir. No se espera otra cosa de los que están siendo transformados por las Buenas Nuevas de Jesucristo. No existe ninguna otra posibilidad de que nuestro mundo vea esta necesidad vivida.Pablo nos hace un llamado que no debemos pasar por alto. Fuimos llamados a libertad, pero una libertad que produce en nosotros un fruto de amor insustituible. Estamos llamados a ser el reverso de la filosofía de este mundo (Morder y Comer). A reemplazar las relaciones que se basan en el interés y el provecho personal en nuestro mundo, por relaciones de servicio y amor los unos por los otros.
Como hizo nuestro Maestro …quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente;… (1 P 2.23) Quien nos enseñó que Mas bienaventurado es dar que recibir (Hch 20:35)
Para los hombres no parece un camino atractivo, pero Dios nos ha enseñado que no existe otra forma. La violencia engendrará más violencia, pero el amor y el servicio traerán frutos positivos para nuestro mundo. No está en nuestras manos humanas el poder para transformarlo, pero sí somos responsables de mostrar la verdad del Evangelio a través de la forma en que vivimos y amamos. El fruto lo dará Dios según su soberano designio.
«Somos ciegos hasta que vemos que en el plan humano nada vale la pena hacer si no hace al hombre. ¿Por qué construir ciudades gloriosas, si el hombre mismo sin construirse queda? En vano construimos el mundo, si el constructor no es construido”. Edwin Markham.
MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA












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