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“…Ante todo, sabed esto: que en los últimos días vendrán burladores, con su sarcasmo, siguiendo sus propias pasiones, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación”… 2 Ped. 3:3-4
Amados hermanos, hace aproximadamente 2000 años Jesús prometió personalmente que regresaría y todavía no lo ha hecho. Este aparente retraso produce reacciones. Un grupo identificado como “burladores”, con sarcasmo, se burlan de esta promesa. Lo peor del caso es que estos burladores son exactamente los mismos falsos maestros de los que Pedro viene hablando en el capítulo 2. Ellos dicen que Cristo es Su Señor y a la vez niegan lo que Cristo prometió, tildándolo de fábulas artificiosas. ¿Cómo puedo decir que, creo que Jesús es El Señor; y a la vez que está equivocado en Sus palabras? A estos, Pedro les llama ignorantes, pero les acusa de una ignorancia voluntaria y por lo tanto, una ignorancia culpable.
Estos burladores ignoran la historia. En el mundo antiguo había estabilidad, pero entonces Dios intervino y destruyó la tierra con el diluvio. De igual manera, en el mundo actual podemos observar estabilidad (días, años, estaciones) porque Dios con Su poderosa palabra, con la cual hizo el mundo, la preserva. Pero esta estabilidad no significa que Jesús no vendrá. Hoy muchos pueden desesperarse en esta larga espera. Aún los creyentes son afectados y asaltados por dudas e incertidumbres en este aspecto. Jesús hizo eco de esto en la parábola de las 10 vírgenes cuando dijo: “Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron”.
En la espera de la venida de Cristo, si no estamos enfocados en Él y firmemente arraigados en Su palabra, puede llevarnos a cabecear y hasta dormirnos espiritualmente hablando. Es por esta razón que Cristo no quiere que ignoremos ciertas cosas:“Pero, amados, no ignoréis esto”. ¿Qué es lo que como creyentes no debemos ignorar? Primero, que aunque Dios actúa en el tiempo, Él no está sujeto al tiempo; para Él “un día es como mil años, y mil años como un día”. Por tanto, pudiéramos hablar de tardanza sólo desde una perspectiva humana, pero no divina. Dios no se retrasa. Segundo, el creyente no debe ignorar que hay un propósito en este aparente retraso: la paciencia de Dios: “El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento” (v. 9). Hay una razón bondadosa por la cual Cristo no ha regresado: Su deseo de que muchos vengan al arrepentimiento. Así como Noé predicó durante 120 años llamado a los hombres de su generación al arrepentimiento, así este largo lapso de tiempo es un período de gracia para guiar a hombres de todos los lugares a que busquen a Dios. No ignoremos entonces hermanos que el reloj de Dios no es cronológico, sino moral. Cuando el último de sus escogidos se arrepienta, cuando personas de toda lengua, tribu y nación doblen sus rodillas ante Él por Su bendito evangelio, entonces vendrá el fin. Ignorar estas verdades, las cuales pertenecen a la preciosa y sólida verdad que nos ha sido dada (v. 1), es semejante a un árbol sin raíces, pues las promesas de Dios son nuestro único sostén en un mundo donde aún el fundamento más sólido (la tierra) se mueve y tiembla como agua. El que ignora estas cosas es un blanco fácil de los falsos maestros y puede ser llevado fácilmente por todo viento de doctrina. El Señor quiere que esperemos con paciencia en Sus promesas. Él es fiel, Él cumplirá lo prometido. Moisés escribió: “¡Él es la Roca! Su obra es perfecta, porque todos sus caminos son justos; Dios de fidelidad y sin injusticia, justo y recto es El” (Dt. 32:4).
Mis hermanos, no procuremos una nueva verdad ni, una nueva revelación; sino hagamos memoria y permanezcamos en la verdad que nos ha sido entregada (1:12-15). Que el Señor les bendiga.
MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA
MI DEVOCIONAL DIARIO












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