“Pues, aunque andamos en la carne, no luchamos según la carne; porque las armas de nuestra contienda no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas; destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo”. 2 Corintios 10:3-5
Amados hermanos, la frase que muchos han usado “ve a la iglesia y se te acabaran los problemas” no fue una realidad en la vida del apóstol Pablo, ya que experimentó una batalla constante en su ministerio, tampoco fue una realidad en la de los tantos que perdieron su vida por su fe, como tampoco es un entorno en nosotros hoy.
Es verdad que, una vez salvados por Cristo Jesús, tenemos resuelto el mayor de los problemas, “el pecado” que nos hacía enemigos de Dios y destituidos de su gloria, pero también es verdad que nuestro peregrinaje en este mundo está inmerso en una batalla constante. Realmente estamos en guerra y esta se desarrolla en todo momento y en todo lugar, en la casa, en el trabajo y aun en la iglesia. El campo de batalla es la mente y el corazón, y el enemigo es el diablo, quién se aprovecha del engañoso corazón que tenemos para incitarnos y tentarnos. Pero Dios no nos dejó al azar, sino que nos ha dejado armas para luchar. Si usamos sus armas, estamos luchando según el Espíritu o en sus fuerzas, pero si luchamos a nuestra manera, entonces luchamos según la carne. Las armas que utilicemos son las que determinarán según que estamos luchando.
Pablo entendía esta realidad en medio de su lucha o contienda espiritual, dónde los hermanos que le acusaban no eran más que instrumentos, pero dónde el principal enemigo era el diablo (el tentador) y nuestro propio corazón. Mis hermanos, esto nos muestra que estamos en lucha espiritual, no solo cuando somos tentados a fornicar o a adulterar, sino también cuando estamos en medio de conflictos interpersonales.
Las personas que acusaban a Pablo de falso, le habían causado mucho dolor. Pero el hecho de que él era inocente, no implica que no era tentado a responder de una manera carnal. El mismo expresa que su labor en esta lucha consistía en destruir (tanto en él, como en otros) todas las “especulaciones y todo razonamiento altivo que se levantara contra el conocimiento de Dios, poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo”.
Mis hermanos, el apóstol, en su carta a los Efesios capitulo 6:11-17 menciona las armas espirituales que debiéramos usar:
la verdad (v. 14a),
la justicia (v. 14b),
el evangelio de la paz (v. 15),
la fe (v. 16),
la salvación (v. 17a),
la palabra de Dios (v. 17b)
y la oración (v. 18).
¿Son estas las habituales armas en tu lucha?
¿Eres consciente de la batalla espiritual en la que estamos inmersos?
La manera de poder resistir es luchando en el poder del Señor y con su fuerza: luchando en el Espíritu.
MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA












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