«…os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz…» Col 2.13-14
(…) Cuando decimos que los méritos de Cristo proveen la gracia para nosotros, estamos diciendo que hemos sido purificados por su sangre, y que su muerte fue una expiación por nuestros pecados.
(…) Juan Calvino
Hola queridos hermanos,en este día queremos hablar del impacto tan poderoso del perdón y la libertad en nuestras vidas. Pablo dice que había una lista que nos era contraria, un registro de nuestras faltas y debilidades.
¿Te gustaría que alguien la hiciera pública? ¿Cómo te sentirías si fuera exhibida de modo que todos, incluyendo Cristo mismo, pudieran verla y leerla?
Él nos dio vida con Cristo, nos perdonó y liberó de nuestros enemigos esta verdad maravillosa lo hizo sostenerse en aquella cruz. La mano de Dios es una mano poderosa. El salmista celebra la liberación, diciendo: «Tú dirigiste a las naciones con tu mano… Fue tu mano derecha, tu brazo y la luz de tu complacencia» (Salmos 44.2–3). Las manos de Jesús. Manos de encarnación en su nacimiento. Manos de liberación al sanar. Manos de inspiración al enseñar. Manos de dedicación al servir. Y manos de salvación al morir.
La multitud entendió que el propósito al martillar era clavar las manos de Cristo a un madero. Pero esto es solo la mitad de la verdad. No podemos culparlos por no ver la otra mitad. No podían verla. Pero Jesús sí, el Padre en el cielo, y nosotros también hoy.
Él nos dio vida con Cristo, nos perdonó y liberó de nuestros enemigos esta verdad maravillosa lo hizo sostenerse en aquella cruz. La mano de Dios es una mano poderosa. El salmista celebra la liberación, diciendo: «Tú dirigiste a las naciones con tu mano… Fue tu mano derecha, tu brazo y la luz de tu complacencia» (Salmos 44.2–3). Las manos de Jesús. Manos de encarnación en su nacimiento. Manos de liberación al sanar. Manos de inspiración al enseñar. Manos de dedicación al servir. Y manos de salvación al morir.
La multitud entendió que el propósito al martillar era clavar las manos de Cristo a un madero. Pero esto es solo la mitad de la verdad. No podemos culparlos por no ver la otra mitad. No podían verla. Pero Jesús sí, el Padre en el cielo, y nosotros también hoy.
A través de la Escritura vemos lo que otros no vieron pero Jesús sí vio. «Él dejó sin efecto el documento que contenía los cargos contra nosotros. Los tomó y los destruyó, clavándolos a la cruz de Cristo» (Col. 2.14). Entre sus manos y la madera había una lista de nuestras faltas, nuestras concupiscencias y mentiras y momentos de avaricia y nuestros años de perdición. Las malas decisiones del año pasado. Las malas actitudes de la semana pasada. Allí abierta a la luz del día para que todos los que están en el cielo puedan verla.
Dios ha hecho con nosotros como el albañil que reconstruye una casa, el tomo los escombros y los echó fuera, asi Dios hizo con nuestros errores, los votó y los cubrió. Los pecados están escondidos. Los que están al principio de la lista están ocultos por su mano; los de debajo de la lista están cubiertos por su sangre. Tus pecados están «borrados» por Jesús. «Él te ha perdonado todos tus pecados: él ha limpiado completamente la evidencia escrita de los mandamientos violados que siempre estuvieron sobre nuestras cabezas, y los ha anulado completamente al ser clavado en la cruz» (Colosenses 2.14).
Él sabía que el precio de aquellos pecados era la muerte. Él sabía que la fuente de tales pecados eras tú, y como no pudo aceptar la idea de pasar la eternidad sin ti, escogió los clavos. Jesús mismo escogió los clavos. Por eso, la mano de Jesús se abrió. Si el soldado hubiera vacilado, Jesús mismo habría alzado el mazo. Él sabía cómo, era carpintero sabía cómo hacerlo. Y como Salvador, sabía lo que eso significaba. Sabía que el propósito del clavo era poner tus pecados donde pudieran ser escondidos por su sacrificio y cubiertos por su sangre. (…) Max Lucado
Para todos de una vez, todos los pecados les son expiados en la Cruz, toda la Caída es borrada, y toda la sujeción a Satanás y toda la sentencia producto de la caída de Adán es borrada, cancelada y anulada por los clavos de Jesús. (…) Conde Nicolás L. von Zinzendorf
Dios ha hecho con nosotros como el albañil que reconstruye una casa, el tomo los escombros y los echó fuera, asi Dios hizo con nuestros errores, los votó y los cubrió. Los pecados están escondidos. Los que están al principio de la lista están ocultos por su mano; los de debajo de la lista están cubiertos por su sangre. Tus pecados están «borrados» por Jesús. «Él te ha perdonado todos tus pecados: él ha limpiado completamente la evidencia escrita de los mandamientos violados que siempre estuvieron sobre nuestras cabezas, y los ha anulado completamente al ser clavado en la cruz» (Colosenses 2.14).
Él sabía que el precio de aquellos pecados era la muerte. Él sabía que la fuente de tales pecados eras tú, y como no pudo aceptar la idea de pasar la eternidad sin ti, escogió los clavos. Jesús mismo escogió los clavos. Por eso, la mano de Jesús se abrió. Si el soldado hubiera vacilado, Jesús mismo habría alzado el mazo. Él sabía cómo, era carpintero sabía cómo hacerlo. Y como Salvador, sabía lo que eso significaba. Sabía que el propósito del clavo era poner tus pecados donde pudieran ser escondidos por su sacrificio y cubiertos por su sangre. (…) Max Lucado
Para todos de una vez, todos los pecados les son expiados en la Cruz, toda la Caída es borrada, y toda la sujeción a Satanás y toda la sentencia producto de la caída de Adán es borrada, cancelada y anulada por los clavos de Jesús. (…) Conde Nicolás L. von Zinzendorf
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