“…Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones…” Abd 15
¡La injusticia! ¿Hay algo que nos incomode más? Una de las cosas que Dios impregnó en nuestro ser, y de la cual no podemos desligarnos es el sentimiento de justicia. Todos tenemos un sistema moral dentro. Saltamos constantemente ante aquello que no concuerda con nuestra visión de la justicia. Una y otra vez nos descubrimos tratando de arreglar el mundo según nuestra cosmovisión, aún cuando sabemos que no tenemos la capacidad ni la autoridad para hacerlo. Esta ha sido una lucha presente desde que fuimos expulsados de Edén.
Algo anda mal y lo sabemos. Si preguntásemos a los que nos rodean ¿Son las cosas como deberían ser? Nos sorprenderíamos de la cantidad de inconformidades que se esconden dentro de nosotros. También así lo expresaba el profeta Habacuc: “…Por lo cual la ley es debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la justicia…” Hab 1:4 Esta triste realidad ensombrecía los tiempos en que escribió el profeta Abdías. Los hijos de Edom, parientes cercanos del pueblo de Israel, se habían mofado de ellos. En medio de guerras y persecución no quisieron darles refugio sino que los atropellaron, los mataron. Los habían tratado con severidad. Habían cometido crimen contra el pueblo de Dios. No habían considerado que ambos pueblos procedían de los lomos de Abraham y por tanto había un lazo entre ambos. A todo esto se sumaba la arrogancia de Edom. Pensaban que por su posición geográfica, sus casas construidas entre las piedras, lo complicado de las cuevas naturales en las que vivían, eran invulnerables. ¡Es difícil ver la injusticia cuando parece que quedará impune! ¡Es difícil aceptar que el impío se enaltezca contra el justo y parezca que no hay nada que hacer! Para los creyentes esto no deja de constituir un reto. Cuando hemos puesto nuestra confianza en Dios y aprendemos a gozarnos en su justicia y santidad, nos parece aún más antinatural que aquellos que practican la maldad, no reciban su consecuencia por ello. Abdías nos recuerda la única cosa que sirve para aliviar nuestra confusión cuando dice: ¡Cercano está el día de Jehová! Cuando leemos estas palabras entendemos que el silencio de Dios ante estas cosas no es más que una muestra de su inmutabilidad, mientras que su proyecto avanza. Nadie en este mundo escapará del examen de Dios. Todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. A su debido tiempo, Dios pondrá todas las cosas en orden y luego diremos ¡El mundo es como debe ser! Sin embargo antes de ello deberíamos responder una pregunta que nos deja la Biblia en el libro de Apocalipsis: …¿y quién podrá sostenerse en pie? Ap 6.17 Sí, este es nuestro verdadero problema. Cuando miramos el pecado y la injusticia de otros solemos olvidar quienes somos. La única respuesta a esta pregunta se encuentra en Jesucristo. Él es el único que nos puede mantener en pie cuando el gran día de la ira de Dios se revele a nuestro mundo. No debemos olvidar que nuestra justicia es insignificante delante del Dios del universo. La arrogancia es una sombra que persigue a todos los hombres y dominados por ella, no podemos ser de ayuda a nuestro mundo caído. Seamos pacientes ante la injusticia, sabiendo que nosotros fuimos rescatados de una condenación semejante, no deseemos la condenación de los malos, sino su salvación, sabiendo que Dios en su soberanía atraerá a quien Él haya determinado. Nuestro reto hoy día es anunciar las buenas de salvación, aún a aquellos que nos parecen más dignos de condenación. Como hizo nuestro maestro “ quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” 1 P 2.23–24 Cuando la vida es color rosa, podemos deslizarnos por ella sabiendo de Jesús, imitándolo, citándolo y hablando de él. Pero sólo durante el sufrimiento lo conocemos. (Joni Eareckson Tada)
MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA












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