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Un_siervo,_que_quiso_hacerse_Señor!!!

“…Te puse delante de los reyes, para que vieran en ti un ejemplo. Por la multitud de tus iniquidades, por la injusticia de tu comercio, profanaste tus santuarios. Y yo he sacado fuego de en medio de ti, que te ha consumido; y te he reducido a ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran. Todos los que entre los pueblos te conocen están asombrados de ti; te has convertido en terrores, y ya no serás más…”            Ezequiel 28:17-19

Amados hermanos, cuan a menudo actuamos dependiendo de las cosas que Dios nos ha dotado, como dinero, inteligencia, dones, autoridad, destreza para el negocio, y olvidamos que fuimos creados para vivir en dependencia total del creador. En los versos 1-11, Dios dirige una profecía contra el rey de Tiro, porque textualmente quiso hacerse “un dios”. 

Su principal pecado era la soberbia. Este se creía más sabio que Daniel y a causa de sus comercios se enalteció, por lo cual, Dios declaró que lo humillaría a él junto con la nación. El profeta Ezequiel hizo una aplicación aún más amplia, hablando acerca del príncipe espiritual de Tiro, satanás a quien en realidad el pueblo seguía.

La historia de satanás fue escrita literalmente para ponerlo como ejemplo entre los reyes de la tierra. Es como si Dios le dijera al rey de Tiro, “tu, que crees que eres un dios y que los demás existen para servirte, mira lo que le sucedió a este querubín que se enalteció: YO LO HUMILLE”.

No creo que esta historia fue escrita para satisfacer nuestra curiosidad, sino para darnos una enseñanza clara, un ejemplo de lo que le sucede a aquellos que quieren hacerse “dioses” es decir, los que creen que existen para que los demás les sirvan.

Mis hermanos, el orgullo es el pecado peculiar de nuestra naturaleza caída. Y ninguna sabiduría puede guiar a la felicidad en este mundo salvo la que da el Señor. El altivo príncipe de Tiro pensó que era capaz de proteger a su pueblo por su propio poder, y se consideró como igual a los habitantes del cielo. El querubín protector fue puesto por Dios en Edén con un propósito guardián.  Era un ser con autoridad y privilegios: El verso 13 describe su apariencia y sus vestiduras de la siguiente forma: “toda piedra preciosa era tu vestidura: el rubí, el topacio y el diamante, el berilo, el ónice y el jaspe, el zafiro, la turquesa y la esmeralda; y el oro, la hechura de tus engastes y de tus encajes, estaba en ti”. Pero el verso 17 nos dice: Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura; corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor”.

El orgullo es un pecado del corazón, algo que no se ve, pero se manifiesta. Y al parecer a este querubín hermoso y más sabio, le incomodó que le dieran el domino al ser humano, un ser que es descrito como “un poco inferior a los ángeles”. Su propósito era ser un servidor o protector del ser humano, no su rey, pero Satanás no quiso conservar su señorío original. De hecho, este ser angelical entendía que, en lugar de servir a los hombres, debía ser servido por ellos. Dicho de otra forma, quiso hacerse “un dios”Un siervo, que quiso hacerse Señor. ¿Y qué hizo? Corrompió su sabiduría y de manera astuta sedujo al ser humano a que se revelara contra Dios. Y esta es la antítesis de Jesús, nuestro Rey, quién sí era Dios, pero a pesar de eso se hizo un siervo.

Mis hermanos, en nuestro peregrinar por esta tierra, estamos llamados a poner los ojos en Cristo Jesús y seguirlo a Él, que es la fuente de sabiduría. La escritura nos llama embajadores de Cristo, instrumentos de Dios y sería prudente que constantemente expusiéramos nuestro corazón a la luz de la palabra que sale de su boca. Nuestra naturaleza caída va a tratar de arrastrarnos al orgullo, pero el espíritu de Dios que mora en nosotros nos ilumina para ver el camino correcto.

“Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre”.   Filipenses 2:5-10

MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA

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