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Una ofrenda agradable a Dios!!!

“…Tiempo después, Caín presentó al Señor una ofrenda del fruto de la tierra. Abel también presentó al Señor lo mejor de su rebaño, es decir, los primogénitos con su grasa. Y el Señor miró con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró así a Caín ni a su ofrenda…” Gén 4:3-5

Aquí tenemos dos ofrendas y dos oferentes. Obviamente hay una diferencia en la actitud de Dios acerca de los oferentes en primer plano y luego de sus ofrendas. ¿Qué fue lo que no le gustó a Dios? Algunos argumentan que a Dios no le gustaron los frutos de la tierra, porque le agradan más los sacrificios. Hay que tener en cuenta que Dios ordenó a Israel ofrendar harina, aceite, vino, etc (Lv23:13). Estos son frutos de la tierra. También Dios en algún momento aborreció los sacrificios (Jer. 6:20). Debemos buscar la razón en otra parte; porque este asunto de agradar a Dios nos compete a todos. Estamos hablando de los albores de la humanidad, de los primeros hombres. ¿Qué fue lo que no le gustó a Dios? No fue la ofrenda en sí, sino Caín. La primera carta de Juan nos da la clave. En el verso 12 del capítulo 3 dice que Caín era del maligno o sea hijo de Satanás. En el mismo pasaje verso 10 el apóstol divide limpiamente a la humanidad en hijos de Dios e hijos del diablo. Los hijos de Dios lo son por la obra de Cristo. Dice el propio Juan que “…los cuales (los hijos de Dios) no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios…” (Jn 1:13). El resto de la humanidad es del maligno, y ninguna ofrenda de ellos será jamás agradable a Dios; no importa lo grandiosa que esta pueda ser. Estoy consciente de que estas palabras son duras, pero si son leídas por alguien no cristiano y desea ser hijo de Dios, que se arrepienta de sus pecados, clame a Dios por el perdón y confíe que la obra de Cristo en la cruz es suficiente para pagar TODOS sus pecados.

¿Y que de las ofrendas de los hijos de Dios? A ningún cristiano se le ocurriría hoy llevar a un lugar de reunión un cordero para sacrificar, o harina, o vino para ser quemada. La ofrenda que Dios espera de sus hijos es que le ofrezcan sus propios cuerpos en sacrificio vivo, santo, (Ro. 12:1). Esta es la ofrenda que le es agradable. Este es nuestro culto inteligente y lógico. Toda la ofrenda que era necesaria para salvarnos, Cristo la ofreció (Heb 10:14). Esa ofrenda fue Él mismo. De manera que la presentación de nuestros cuerpos como una ofrenda, es por agradecimiento al que lo hizo todo por su pueblo; es para el servicio a ese Salvador que es digno. También podemos y debemos ofrendar de lo material que hemos recibido, para bendecir a la iglesia del Señor y cooperar en el avance del Reino.

La ofrenda de los hijos es recibida siempre con agrado por el Padre. No importa cuán imperfecta o cuan pobre pueda ser. Lo que realmente importa es que sea hecha estando justificado “en Cristo”. Esto fue lo que marcó la diferencia entre Abel y Caín, y eso es lo que marca la diferencia entre los hijos de Dios y el resto de la humanidad.

“…Así que, ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre. No se olviden de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen, porque ésos son los sacrificios que agradan a Dios…”          (Heb 13:15-16).

MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA

 

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