“Confiados en Su fidelidad”
“Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti”. Isaías 54:10
Nos cuenta la historia que en una ocasión Napoleón necesitó que uno de sus soldados cumpliera por él una misión sumamente peligrosa. El famoso emperador francés se paró frente a su ejército de hombres, y dijo: “Voy a dar la espalda, y quiero que el soldado que esté dispuesto a poner su vida por mí, voluntariamente dé un paso hacia adelante”. Al voltearse Napoleón, se quedó atónito al ver que ninguno de sus soldados había dado un paso al frente. Así que, molesto y sorprendido dijo: «¿Cómo es posible que ninguno de ustedes haya dado un paso al frente para exponer su vida por mí?» A lo que un soldado replicó: «¡No, mi general! Fue que toda la fila dio un paso hacia adelante». Eso se llama fidelidad.
Qué contraste entre el ejemplo de fidelidad de esa historia y la realidad cotidiana que nos ha tocado vivir. La infidelidad es el vicio de carácter más dominante de nuestra época impía. En el mundo de los negocios, las empresas son infieles a sus clientes y viceversa. En el mundo social, hay traición y deslealtad entre los amigos y compañeros de trabajo. En la esfera familiar, no son dos ni tres los matrimonios que se tiran cada día por la borda a causa de la infidelidad de una de las partes, que con la misma facilidad con que se cambian una prenda de vestir son capaces de romper el sagrado vínculo de la fidelidad matrimonial. Y aun en el plano espiritual, con cuánta frecuencia vemos cómo muchos creyentes entran en amistad con el mundo, adoptando sus formas, ideologías, costumbres y esquemas, siendo de esta forma infieles al Señor, quien entregó su vida por ellos.
¡Qué diferente es nuestro Dios! Quien es fiel en todas sus relaciones con su pueblo. Podemos confiar plenamente en Él, sabiendo que aunque nosotros le seamos infieles en ocasiones, Él permanece fiel, porque ese es uno de sus atributos inmanentes, y Él nunca podrá actuar en contra de su propia naturaleza. Las Escrituras están llenas de ilustraciones sobre la fidelidad de Dios. Desde Génesis donde Él promete: “Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche”, hasta Apocalipsis. Así que, cada vez que veamos al sol salir, la luna brillar, el invierno venir, y el verano llegar, es un testimonio poderoso de la madre Natura sobre la fidelidad de Dios.
Es por eso que nosotros los creyentes, como pueblo suyo y ovejas de su prado, podemos descansar seguros y confiados, no en una justicia estéril de fabricación humana, sino en la fidelidad de la promesa de Dios, que como la garantía plena de su Palabra sirve de base a la irrevocable y ciertísima salvación que nos ha sido ofrecida en Cristo Jesús; tal y como dice la perla de hoy: “Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti”. Primero desaparecerían todas las montañas de la tierra, todos los collados se derretirían, el mar dejaría de ser, y las estrellas dejarían de titilar, antes de que Dios dejara de mostrar su misericordia hacia cada uno de sus hijos, o que el pacto de paz establecido en Cristo para con su pueblo sea quebrantado aun en su punto más pequeño. ¡Gloria a Dios por su eterna fidelidad! Amén
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— © Reynaldo Perez
Cristianismo Conforme a las Escrituras












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