“Confianza que no nos paraliza”
“… Mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará”. Daniel 11:32
Fue Matthew Henry quien dijo: “Hay momentos en que la oración no debe ocupar el lugar de la acción”. La oración es siempre un recurso valioso e imprescindible para el creyente, y nunca debe faltar en toda empresa espiritual que emprendamos; pero hay circunstancias especiales, en que, una vez que hemos orado y puestos todos nuestros proyectos en las manos del Señor, la única tarea pendiente que resta es levantarnos, como hizo el hijo pródigo, con determinación y arrojo, confiados siempre en la gracia de Dios, y emprender el mejor curso de acción a seguir, es decir, pasar de la oración a la acción, o como decimos en buen dominicano: “A Dios rogando (oración), y con el mazo dando (acción)”.
La perla de hoy nos recuerda las consecuencias prácticas de conocer bien al Dios a quien servimos: El pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará. Noten cómo entrar en una relación íntima y personal con el Dios verdadero se traduce en una dinámica motivacional que nos permitirá realizar acciones y proezas que, de otra manera, nos resultarían imposibles o al menos, muy cuesta arriba; pero conocer las promesas, la gracia y el Espíritu de Dios es poseer dentro de nosotros mismos una fuente de inspiración que nos sirve de sustento en nuestra carrera cristiana. Dios no solo nos ha prometido darnos la victoria, sino aun los recursos y el entusiasmo continuo para que sigamos hacia adelante: “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil 2:13).
Amados, es tiempo ya de actuar; por mucho tiempo las iglesias se han quedado enquistadas en megaproyectos ambiciosos que casi siempre se quedan en papeles; otras veces consumimos un tiempo valioso en reuniones improductivas que al final conducen a ninguna parte. Planificar es bueno y necesario; contemplar en el tiempo y el espacio el futuro crecimiento de la iglesia es sumamente importante, pero es tiempo de pasar de la planificación a la acción; es tiempo de poner manos a la obra como hicieron Esdras y Nehemías, que a pesar de todas las oposiciones que encontraron en cada paso del camino, no se amedrentaron, sino que se esforzaron y actuaron, porque la poderosa mano de Dios estaba sobre ellos (Esd 7:6).
Creemos que el grito de guerra para la iglesia militante de hoy en día debe ser el mismo con que el profeta Azarías arengó al rey Asa y a todo el ejército de Judá: “Esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos; pues hay recompensa para vuestra obra” (2 Cr 15:7). Amados, debemos orar y continuar orando, pero también debemos actuar y seguir actuando. Cuando Moisés se vio atrapado con todo ese pueblo entre las montañas del Sinaí, teniendo al imponente Mar Rojo al frente, y el despiadado ejército de faraón a sus espaldas, Moisés se turbó y comenzó a desesperarse, sin ver ninguna salida a la vista comenzó a llorar y a clamar a Dios, y fue así cuando Dios le reprende duramente y le dice: “ … Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen” (Ex 14:15); ese momento era tiempo de acción y no de oración. Amados, nunca permitamos que la oración ocupe el lugar de la acción cuando ella es requerida. Recordemos siempre: “… el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará” (Dn 11:32). Amén
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— © Reynaldo Perez
Cristianismo Conforme a las Escrituras












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