“¿Es acaso correcto juzgar?”
No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. Mateo 7:1,2
Si hay un texto en toda la Escritura que ha sido objeto frecuente de una mala interpretación, sin lugar a dudas, que es este: “No juzguéis, para que no seáis juzgados”. Hay personas que entienden que el Señor Jesús con estas palabras está privando al creyente de hacer cualquier tipo de juicio. Para muchos, esta es una prohibición total y absoluta de emitir un juicio en todo tiempo, contra toda persona y en cualquier circunstancia. Si esto fuera así, entonces el mismo Cristo sería hallado culpable de violar sus propias palabras, ya que Él mismo juzgó duramente el pecado y la maldad de los fariseos en Mt 23:1-23; además de que Él mismo nos motivó a juzgar rectamente conforme a las Escrituras en Juan 7,24: “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”. Cristo quiere que pasemos juicio a ciertas cosas.
Es importante destacar que este mandamiento es dado en el contexto de la advertencia contra los falsos profetas que vienen a nosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces (Mt 7:15), y nos preguntamos: ¿cómo podemos distinguir al falso profeta sin antes juzgar su vida, su carácter y enseñanzas? Por tanto, lo que Jesús enseña en la perla de hoy no es que nos despojemos fanáticamente de esa capacidad tan útil y valiosa como lo es nuestro discernimiento, sino que, a la hora de pasar juicio contra algo o alguien, lo hagamos revestidos de una correcta actitud y usando como elementos de evaluación los principios revelados en la Palabra de Dios. Así que, en esta mañana queremos poner en una adecuada perspectiva algunos principios bíblicos para juzgar.
En primer lugar, el Señor quiere librarnos de la práctica malsana del “prejuicio”, es decir, formarnos una idea sobre algo o alguien, antes de tener delante de nuestros ojos todas las evidencias que nos permitan considerar imparcialmente el panorama completo que estamos evaluando. Es muy común en nosotros levantar un juicio contra alguien basados únicamente en “rumores” o en cosas “no confirmadas”, sólo porque alguien interesado nos lo ha dicho. Es en ese contexto que Jesús nos dice: “No juzguéis”. En segundo lugar, este texto condena el hábito pecaminoso que tenemos de pasar juicio a los demás basados únicamente en la apariencia. Eso fue lo que pasó con Samuel cuando fue a ungir como rey a uno de los hijos de Isaí; él vio a Eliab, y juzgó su carácter sólo por la hermosura de su rostro, mas Dios le dijo: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (1s S 16:7).
En tercer lugar, esta exhortación de Cristo es una advertencia contra ese “espíritu hipercrítico” que a veces se apodera de nosotros. Amados, con cuánta frecuencia nos constituimos en Dios y jueces de los demás, sintiendo que somos superiores al resto de los mortales con derecho a juzgar a todos, sin que nadie nos pueda juzgar a nosotros. Ese es el mismo espíritu farisaico, que pretendiendo ser amos y señores de las vidas de los demás no desperdiciaban oportunidad para levantar su dedo acusador contra las faltas de los otros, mientras ellos mismos eran peores que aquellos a quienes juzgaban; basta con ver cómo Cristo los desnudó, llamándolos: hipócritas, ciegos, insensatos, necios y sepulcros blanqueados (Mt 23:13,16,17,19,27).
En resumen, este mandamiento nos alerta contra esa tendencia de nuestra naturaleza pecaminosa de hacer juicios “infalibles” y “definitivos” contra las personas, como si fuésemos Dios, sin permitir que el amor y la misericordia moldeen nuestros discernimientos; sin conceder lugar al arrepentimiento de los demás, o sin considerar que a los otros debemos darles una segunda oportunidad para subsanar sus errores. Recordemos cómo termina la sentencia de hoy: Con la misma medida con que medís, os será medido. O como dice Stg 2,13: “Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia”. ¡Que Dios nos ayude! Amén
© Reynaldo Perez
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Cristianismo Conforme a las Escrituras












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