…A Tito, genuino hijo en nuestra común fe.
Tito 1: 4 BTX
Muchas veces leemos en la Escritura sobre diferentes personas y ciertamente caemos sobremanera en el error de sobrevalorar a algunos.
¿Cuántos no hemos sido sorprendidos teniendo alguna que otra persona de la Biblia casi como un dios? ¿Acaso no ha sido David para nosotros lo más grande? ¿o Moisés, o Pablo?
Es cierto que todos ellos tienen algo que Dios les dio
y que es digno de ser imitado, el mismo Pablo dijo: “Sed imitadores de mí como yo de Cristo”. El problema es que existen otros, digamos “un poco más pequeños” que a veces nos pasan desapercibidos.
Leyendo la carta de Pablo a Tito descubrí que él es uno de los que quizás no se hable mucho en nuestras iglesias, pero igual me fue revelado el deseo que hay en mi corazón de, si alguien me escribiera una carta, ser llamado como Pablo describió a Tito… “genuino hijo en nuestra común fe”.
Que testimonio de servicio, de amor, de fe. Tito fue uno de los que junto a Pablo ayudó a expandir el mensaje del evangelio entre los gentiles y atender la iglesia recién formada y creciente. Fue la persona usada muchas veces por el apóstol para enviar a iglesias con problemas como ayuda y restauración. Pero hay una palabra que pone hoy a latir mi corazón en este mundo de falsedad, la palabra “genuino”.
¿Qué veía Pablo en Tito para que pusiese en una carta, que con seguridad había de ser leída por la iglesia, “genuino hijo en nuestra común fe”? ¿Cómo era la vida de Tito para que recibiese este “título”?
Para estar más seguro busqué el concepto de fondo:
Tenemos entonces a un hombre que es auténtico, verdadero, transparente, legítimamente formado a imagen de Cristo. Quizás sin pensar Pablo da a Tito con solo una palabra la misma descripción con que él se representa a sí mismo en el verso 1 “…un siervo de Dios y …de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios, y al conocimiento pleno de la verdad que es según la piedad…”. Un esclavo de Cristo que vive conforme a la demanda de la fe entregada por Dios a sus escogidos, de acuerdo al conocimiento de la verdad que resulta en un andar piadoso, santo. Eso es ser un genuino hijo en la común fe en Cristo; ahora entiendo porque aún los no creyentes esgrimen la frase ¡y eso que es cristiano! ante cualquier fallo que cometemos, pues el mundo espera en nosotros autenticidad en Jesús; que seamos vistos y reconocidos por la originalidad de Cristo en la caracterización de nuestras vidas.
Ser auténticos en Cristo es algo que nos ha sido otorgado de lo alto ¡¡Seamos moldeables!!
Padre, pedimos ser reconocidos genuinos hijos como lo fueTito, no por orgullo sino por tu obra en nosotros y para tu gloria. Transfórmanos. En nombre de Cristo. Amén
MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA












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