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Conocidos por lo que vivimos!!!

¨…acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo…¨ 1 Tes 1:3

Amados, la mayoría de las personas invierten gran cantidad de recursos y energías en captar la atención de sus semejantes. Solo basta que miremos a los anuncios propagandísticos, que se encuentran en todas partes a nuestro alrededor, o que nos detengamos por un instante a observar las campañas electorales que con tanto bombo y platillo se publican por los diferentes medios de difusión masiva, para que entonces nos demos cuenta

de la importancia que se le concede en nuestros días al darse a conocer. Lamentablemente muchos, por no decir que la mayoría de estos esfuerzos, están viciados de falsedad, ya que solo persiguen atrapar a cuantos puedan convertir en apasionados y ciegos consumidores.

La primera carta a los Tesalonicenses habla de una iglesia que era conocida ampliamente. Pero lo interesante y que nos debe mover a reflexionar a nosotros en la actualidad es que, estos hermanos no tenían contratados programas radiales o televisivos, no publicaban en la prensa plana sus actividades o programas, y mucho menos sus servicios se encontraban en Internet. Por otra parte nos cuesta pensar, tan siquiera, que ellos intencionalmente se dieran publicidad. La historia nos habla de una realidad que, más bien les llevaba a vivir tratando de llamar lo menos posible la atención. Su libertad y aun sus propias vidas estaban constantemente en peligro por el solo hecho de ser cristianos. Pero aun así, en todo lugar su fe en Dios se había extendido.

Nos preguntamos entonces ¿qué es lo que hace conocida a la iglesia de Hoy? ¿Qué sucedería si la iglesia dejara de poner empeño en el amplio andamiaje publicitario que le acompaña? Hemos de aclarar que no estamos acusando a la iglesia de Jesucristo por usar lo que el mismo Señor de alguna manera ha puesto a su disposición. Creemos firmemente que somos responsables de utilizar lo que Dios en su infinita bondad ha concedido en estos días a su pueblo. Pero vemos en el mismo primer capítulo de esta carta algunas cosas que llevan a la iglesia a causar un impacto transformador en la vida de la sociedad.

Los seguidores de Cristo Jesús aunque no se propongan sobresalir socialmente no pueden ocultar su fe, amor y esperanza. Esto se debe a que la fe, si es genuina, consecuentemente va acompañada de obras que ponen al creyente en una posición diferente al resto de los que le rodean. Los cristianos de Tesalónica recibieron la palabra de Dios en medio de gran tribulación  y lo hicieron con gozo. La palabra de Dios es rechazada de una u otra manera por el hombre natural. Unos la repudian de plano, otros se muestran indiferentes hacia ella y otros se auto engañan proclamando que la aman, pero actuando en una manera muy diferente a lo que claramente Dios ha comunicado a través de la misma.

Nuestros hermanos de antaño no solo recibieron gozosamente la palabra, sino que se volvieron a Dios con todas sus fuerzas abandonando por completo los ídolos. Ellos llagaron a ser imitadores de los verdaderos creyentes en este caso Pablo, Silvano, Timoteo y del Señor Jesucristo. Indiscutiblemente una fe que lleva a recibir la palabra de Dios, a  volverse a él y ser imitador de los buenos ejemplos, cuando estas cosas son totalmente contrarias a las prácticas sociales aceptadas, no puede permanecer oculta.

Cuando el amor de Jesús cala lo más profundo del corazón de los hijos de Dios, como sucedió en Tesalónica, los hace incansables obreros que divulgan constantemente a diestra y siniestra la palabra del Señor que una vez fue recibida por ellos. Sí, es el amor del Señor, quien nos hace sensible a la miseria y calamidad del hombre sin Dios y nos convierte apasionados siervos del mismo. Semejante amor contrasta con el entendimiento de dicho concepto que el mundo tiene y obviamente marca una notable diferencia.

Es la esperanza en Cristo el tercer elemento que unido a la fe y el amor hacen tal diferencia en la vida del cristiano y que da a conocer poderosamente a la iglesia. Es difícil hablar de esperanza en un mundo que carece de ella.En la filosofía, la religión y la ciencia ha descansado la esperanza de muchos. Estas, como solución permanente para el hombre han fracasado trayendo con dicho fracaso frustración y desconsuelo. Pero la inalterable esperanza del cristiano es el Cristo resucitado que libra de la ira venidera. Vivir con esta certeza resulta en disfrutar de la paz de Dios, algo que el mundo no conoce y por lo tanto no entiende en lo más mínimo, pero se nota en los discípulos de Jesús aunque no pueden explicarlo.

Toda iglesia y creyentes que realmente representa a Cristo y viven como es digno de Él, se destacarán por una fe que obra, un amor laborioso y la constante esperanza en Jesús. ¡Que afortunados los creyentes que no pueden ocultar su fe, amor y esperanza!

MINISTERIO CRISTIANO EN CUBA

 

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