“La persona divina del Espíritu Santo”
Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? […] no has mentido a los hombres, sino a Dios. Hechos 5:3-4
Amados, el Dios al que nosotros servimos es un Dios Trino, es decir, que está conformado por tres divinas Personas: el Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. No creo que ningún verdadero creyente tenga problema en reconocer la Deidad de Dios Padre; de la misma manera no seríamos cristianos ortodoxos (de una sana doctrina bíblica) si rechazamos la Deidad de Cristo el Hijo, pero sí creo que algunos verdaderos creyentes no son capaces de ver claramente a la luz de las Escrituras la Deidad del Espíritu Santo. Frente a una pregunta tan importante como la siguiente: ¿es el Espíritu Santo una Persona Divina, es decir, Dios?, me temo que algunos creyentes fieles se quedan cortos a la hora de probar por las Escrituras esta maravillosa revelación bíblica.
Lo primero que tenemos que demostrar es que el Espíritu Santo es una Persona, y luego que es una Persona Divina. Hay cuatro cosas que definen la personalidad: la inteligencia, la voluntad, las emociones y la conciencia de sí mismo. Un mono puede desarrollar muchas habilidades, no obstante, sigue siendo un animal y no una persona, porque carece de inteligencia. Ese mono tiene voluntad propia, y hasta emociones, pero eso nunca lo convertirá en persona, porque él carece de raciocinio y conciencia propia. Amado hermano, tú y yo somos personas porque tenemos inteligencia (capacidad para razonar de la cual adolecen los animales); voluntad propia (que nos hace diferenciarnos de las plantas); emociones (que nos coloca por encima de las cosas), y conciencia de nosotros de mismos, que nos hace superiores y distintos a los animales, y nos define como seres morales y espirituales, portadores de la imagen de Dios en nosotros.
Si el Espíritu Santo es una persona debe poseer estas cuatro cualidades: inteligencia, voluntad, emoción y conciencia de sí mismo. Eso lo diferencia de ser un simple soplo, un aliento sin vida, una fuerza impersonal, un influjo u otra manifestación de Dios. El Espíritu Santo es esencialmente diferente a todo eso, porque a la luz de las Escrituras es una Persona Divina, Él es Dios sobre todas las cosas. Así le llama Pedro en la perla de hoy, inspirado por el mismo Espíritu Santo; noten las palabras exactas del apóstol a Ananías, quien había mentido a los líderes espirituales de la iglesia primitiva: “¿… Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo…? No has mentido a los hombres, sino a Dios”. Noten cómo mentir al Espíritu Santo es mentir al mismo Dios, y esto es solo posible si el Espíritu Santo es Dios por igual. Eso nos habla de la Divinidad y la Deidad del Espíritu Santo.
Ahora bien, ¿tiene el Espíritu Santo inteligencia? Por supuesto que sí, porque Él es una Persona y no una cosa. En Jn 14:26 Cristo nos dijo que El Espíritu Santo nos enseñará todas las cosas. Amados, sólo una persona puede enseñar inteligentemente a otra. En 1 Co 2:11 Pablo nos dice: “…Porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios”. Sólo la Persona de Dios puede escudriñar lo profundo de Dios, y esto es lo que hace precisamente el Espíritu Santo. ¿Tiene el Espíritu voluntad propia? Sin lugar a dudas que sí; nos basta con mencionar tan sólo un texto de muchos que encontramos en las Escrituras: “… Dijo el Espíritu: Apartadme a Saulo y a Bernabé” (Hch 13:2). Noten cómo el Espíritu expresó su voluntad al elegir a Saulo y Bernabé. En Hch 16:6 se nos dice: “… Que les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia”; una vez más encontramos la voluntad expresa del Espíritu al prohibirles predicar en ciertos lugares. ¿Tiene el Espíritu Santo emociones? En Ef 4:30 se nos exhorta a no contristar (entristecer) el Espíritu Santo; Él puede ser entristecido en una clara manifestación de emoción personal. Y lógicamente Él tiene conciencia de sí mismo, como enseña Pablo en 1 Co 2,13: “Por lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu”. Concluyendo, el Espíritu Santo sí es una Persona, y más aún, una Persona Divina, y más todavía, es Dios mismo. Amén
© Reynaldo Perez
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Cristianismo Conforme a las Escrituras












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