“Dios es nuestro amparo”
Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Salmos 46:1
Casi todos los teólogos concuerdan que el contexto histórico que dio razón a este salmo fue la terrible amenaza de invasión de Senaquerib, rey de Asiria, en tiempos de Ezequías, rey de Judá (2 Cr 32:1-23). Una mañana cualquiera el rey Ezequías recibió cartas de parte del embajador de Asiria en las cuales se blasfemaba el nombre de Jehová y se insultaba al Dios de Israel, además de anunciar la inminente invasión que, como un huracán arrasador, caería sobre el debilitado e indefenso pueblo de Judá (2 Cr 32:1-17). Nos dicen las Escrituras que cuando Ezequías oyó esto, rasgó sus vestidos, y cubierto de cilicio vino a la casa de Jehová, extendiendo las cartas delante de la presencia de Dios (Is 37:1,14).
Frente a esta amenaza de dimensiones colosales contra la cual Ezequías carecía de fuerzas, poder, ánimo y ejército para enfrentar el vasto imperio Asirio, él recurrió al único recurso que tenía disponible a la mano: la oración. Así que, Ezequías convoca oración general, y solicita la ayuda del profeta Isaías, quienes elevaron plegarias a Dios y clamaron al cielo (2 Cr 32:20). ¿Y qué hizo Dios en respuesta a la petición de sus siervos? Dice la Biblia: “Y Jehová envió un ángel, el cual destruyó a todo valiente y esforzado, y a los jefes y capitanes en el campamento del rey de Asiria. Este se volvió, por tanto, avergonzado a su tierra; y entrando en el templo de su dios, allí lo mataron a espada sus propios hijos” (2 Cr 32:21). De esta manera tan sobrenatural y milagrosa libró Dios a Ezequías del asedio de sus enemigos.
Es en este contexto que los hijos de Coré, músicos del templo, componen este hermoso cántico de liberación, tan conocido y cantado a través de los siglos por el pueblo de Dios como es el salmo 46. Empieza diciendo: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”. Qué bueno que 2,500 años después, la iglesia del Señor Jesucristo todavía puede proclamar que “Dios ES nuestro amparo y fortaleza”; Él no fue ni será un amparo, Él es ahora, en tiempo presente, en la actualidad, nuestro seguro refugio. No fue la valentía de sus soldados que libró al rey Ezequías; no fue la estrategia de sus capitanes la que los libró de sus enemigos, ni fue el poder ni la fuerza de sus ejércitos, fue el gran poder de Dios interviniendo oportunamente en favor de ellos.
Amado, puede que este día tú hayas recibido cartas de intimidación de parte de los enemigos de Dios para causarte temor e inseguridad, y hacerte mover de tu lugar. La perla de hoy nos cae como anillo al dedo, recordándonos que el poder es de nuestro Dios y no de nadie más; Él es quien pelea nuestra causa, y no importa cuán desolador y gris se presente el horizonte ante nuestros ojos, podemos descansar seguros y confiados en que la victoria es del Señor. Dios abrirá puertas ahí donde otros las han cerrado; Dios hará sendas ahí donde no las hay, como dice Sal 77,19: “En el mar fue tu camino, y tus sendas en las muchas aguas…”; Dios aplastará a todos nuestros enemigos debajo de sus pies; por esto, Salmos 46 termina con una gloriosa nota de consolación: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob” (Sal 46:10-11). Amén.
© Reynaldo Perez
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Cristianismo Conforme a las Escrituras












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